sábado, 27 de diciembre de 2014

Y se me van las palabras






La sencillez de encontrarnos,
superada por los nervios
de ese instante previo,
en que somos carne trémula,
temblor incontrolado,
imaginándonos…

Como somos,
tal y como somos,
contadores de lo que vemos y sentimos
lo que nos sugiere una imagen,
lo que nos muestra un olor,
aprovechar el encuentro con la naturaleza 
para vaciarte,
e intercambiar vida con ella,

Si no puedo estar,
al menos que te ella te acaricie…

Quiero leerte a través de lo que ves,
saber quién eres,
por cómo lo sientes,
ese es el que me gusta…
¿Podrás?
sólo el intento,  ya me vale.

Prometo leerte
y desnudar para ti cada poema, 
para vernos,
encontrarnos…

Contigo es muy fácil,
si me dices que estarás ahí…
No me dejes sola con las letras
que me pierdo...
Gracias por estimularme al juego como a un niño.

Y no, no me comas,
dame solo un abrazo,
que lo necesito para dormir,
y soñar mis escritos…

Soñarte en cada uno de esos intentos
por transmitir algo más que sentimientos,
pero me vuelvo a encontrar repitiendo una y otra vez mis besos…
Los tuyos…
Tus caricias,
tus suspiros…
Y se me van los escritos
Se esfuman.

Y vuelve esa impotencia de lo vivido,
Los escritos se tornan repeticiones,
y sólo palabras tontas,
me parece cualquier cosa que pudiera llegar a escribir.

Ni con miles de palabras podría describir,
esa sonrisa en la que te me das,
tus manos acariciando mi pelo,
me vacías y luego ya no quiero escribir…

Incompleto este y mil versos,
Cada vez que la imaginación me inunda
de ti,
se quedan sin palabras mis poemas
y nunca hay final…

Carla
27/12/2014

viernes, 12 de diciembre de 2014

OLVIDADOS




Dime algo para que me quede,
porque ya solo tengo ganas de marcharme,
creo que te sobro.

Tienes demasiadas cosas ocurriendo a la vez,
y tal vez yo, aunque no te des cuenta,
simplemente estoy de más.

Esperar para que tengas un segundo
para dedicarme,
no es ya razón suficiente,
para todas las horas de espera.

No preciso limosas.
Solo querría que quisieras estar,
y si ya no es así,
poder irme en paz.

No voy a morir de pena,
tampoco lo sabrías aunque así fuera.
Sólo preciso un átomo de sinceridad,
porque necesito un motivo
para esperar.

Sé que te cabrea
darme motivos
confesar tus sentimientos,
pero quizás te esté atormentando
más, no hacerlo.

No estoy ya contigo,
tu tampoco conmigo,
dices que nos hemos olvidado.

Si es así no volverás,
no iré
pero si no lo es
la ventana está abierta,
dame una brisa
y estoy a tu lado

DE: Carla Duque
Olvidados

lunes, 10 de noviembre de 2014

Distancia





DISTANCIA


Aunque sé que este mundo nos matará,
silenciará nuestros cuerpos,
hastiados por el agotamiento letal,
volveremos a encontrar alguna fórmula
para mirarnos con los ojos
de dos corazones rotos por la distancia
que nunca fue suficiente
para separarnos
ese abrazo que atemporal
quedó prendido a tu pecho


Carla
por y para ti
cada día, cada segundo, cada milésima
estas en mi


jueves, 30 de octubre de 2014

Tu ganas, yo esperaré











Seguramente los dos nos equivocamos,
probablemente no haya argumentos que apoyen mi locura,
pero eso es lo que caracteriza a lo insano,
la falta de coherencia,
lo normal es cotidiano,
y esto que siento,
nada tiene que ver con algo vulgar...
Es una de esas reacciones a los miedos internos
que superan la ficción mas desalmada,
y que tan sólo existe en mi mente, 
pero que me descuadra,
descolocándonos a ambos
y enfrentándonos ego a ego
corazón a corazón
tu ganas
yo esperaré

miércoles, 15 de octubre de 2014

Toma mi mano



Toma mi mano


Hoy he sido consciente de nuevo de esa sensación de congoja que nos invade cuando nos dan una noticia triste, de que a veces hacemos daño a personas que ni conocemos, sin saber siquiera que lo estamos haciendo.


Nunca llegamos a tener todas las versiones de una historia, entre otras cosas porque si así fuera no habría conflictos, desafortunadamente alguna queda siempre fuera de nuestro margen de acción, por lo desconocido de quien la posee, y cuando se da esa circunstancia y por una de esas casualidades del destino, llegamos al otro lado del espejo, ese microtodo nos abochorna como hoy me ha ocurrido a mi.


Desconocía que hubiera terceras, y hasta cuartas personas implicadas, y lamentablemente un cúmulo de casualidades llevó a una cadena de daños colaterales que aun hoy generan dolor en algunos de los implicados... Probablemente lo más razonable sería, como tu bien dices, cerrar ese capítulo, y aun estando totalmente de acuerdo, sigo sintiéndome mal, de una forma irracional lo confieso, pero es que el mundo de los sentimientos va siempre por delante de la razón, y lo que para unos es pasado, para otros es aun presente continuado...


Ese dolor que ya para mi es pasado, para lo otra parte es aun presente, y lamentablemente por mucho que podamos empatizar, lo que no tenemos, es una goma de borrar dolores, tantos avances en tecnologías punta, y sin embargo algo tan simple como un sentimiento de tristeza, no tenemos ni idea de como poder curarlo.


Me duelen las historias que no fueron, me duelen los pasos no andados, me inspira ternura tu dolor, y sin embargo no puedo paliarlo, y por muchas palabras que utilice, seguiré sin conseguirlo. Ni siquiera el saber lo que siento podrá hacer que mejores un sólo minuto, y sin embargo no puedo irme a dormir sin decírtelo, una vez mas, y otra, y otra mas, lo siento, precisamente porque sé muy bien como te sientes



sábado, 6 de septiembre de 2014

Momento de espera





La sal extinta evaporada de tus sienes,
en miles de salvajes besos,
se estrelló contra mis labios.

Todo el silencio servido...

Rodeada por tus brazos
sometiste cada centímetro de piel
a tus antojos

Y fui, sólo ese instante,
de horas eternas
tu más sumisa amante

La espera es la
negación del olvido
para aquellos que han existido,
revelados, en los ojos
de quien les desea






lunes, 1 de septiembre de 2014

Elegía al padre de un amigo, hoy 2/09/2014





Escribo sobre la marcha,
sobre lo que decirte no puedo.

Evoco los instantes contigo,
en un momento en que la tristeza te ahoga,
aun sabiendo que no llegará a tu ojos,
este mensaje de mi boca...

Lo hago porque pasé por ese momento ingrato,
hace ya catorce años y aun me parece ayer,
ella me soltó la mano,
pero se ajustó a mi pecho su latido,
tanto que a veces ya no sé si es mío,
tanto que ya no se si con sus ojos miro.

Suspirarás,
habrá días en los que apenas puedas respirar,
mirarás a tu hija con la intensidad de sus ojos y
sabrás que está muy cerca en esos instantes,
notarás incluso su aliento.

El no podrá abrazarte mas
extrañarás su olor,
buscarás su voz,
soñarás su mirada,
pero el silencio te recordará
que sólo está ya,
formando parte de tu alma.

Los días que vendrán serán duros amigo,
apóyate en los que estén contigo.
Caminarás sonámbulo en pleno día
y tu sonrisa se quedará suspendida.

Pasarán los años y seguirás pensándole
escuchando sus palabras,
contemplando sus ojos en cualquier imagen,
y sólo cuando la pena te arrebate
y el pecho se encoja de dolor,
comprobarás que esos ojos
de nuevo te miran,
desde otros ojos,
aquellos de los que ames.

Nunca se fueron
vivirán de por vida
en tu pensamiento

Se que no te llegará mi abrazo y
aun así, quiero mandártelo.









lunes, 7 de julio de 2014

Oleaje, arena de playa (No poesía)






Oleaje, arena de playa

Tu que siempre me esperas,
me buscas sin medida
y vuelves mil veces
aunque no entiendas

Yo que sigo incrédula
a tus amantes palabras,
que exploro tus esquinas
y te miro desde lejos

tu que removiste cielo y tierra,
yo que contemplé atónita,
tu que te ataste a mi pelo,
yo que escapé de tus nudos.

Tu que te convertiste en conciencia,
yo que me quedé en suspiro,
tu que dejaste tus huellas,
yo que ignoré el camino.

Yo que no supe leerte,
tu que no viste el agua.
Tu, roca,
yo, oleaje indómito
tu, viento
yo,  marea baja
tu,  arena de mi playa

Siempre en constante abandono,
unidos sin embargo





sábado, 5 de julio de 2014

EL CIEGO - 9º Despedida y leve esperanza




Aquella mañana el ruido del telefonillo la despertó con su estridencia habitual, aunque a cualquier hora del día era, ya de por sí molesto, aquel sonido tan antinatural, que ya alguna vez había escuchado mientras dormía, le hacía pegar un salto, un respingo que la despertaba con aquel mal humor, después de haber roto sus mejores sueños.

Se levantó bostezando, había dormido poco, como de costumbre,  la lectura la había mantenido entretenida hasta altas horas de la madrugaba, como a veces le ocurría, procurando llenar las horas de falta de sueño con algo que la distrajera.

Definitivamente, aquella llamada inesperada le había sentado a cuerno quemado, pero avanzó pasillo adelante para responder a quien llamaba. Casi siempre era alguien que se equivocaba de piso, si esta vez era eso, fuera quien fuera, la iba a oír, porque no le gustó nada que la despertaran… Levantó el telefonillo y respondió  a una voz muy conocida para ella…Si, era su pareja, que en lugar de responder a su llamada telefónica, había decidido volver a casa y tratar el tema cara a cara.

Abrió la puerta del portal apretando el botón del telefonillo, y dejó que subiera. Ni siquiera se arregló el pelo, no hizo la menor intención de vestirse, siguió allí de pié, con una mano en la cadera, esperando que él subiera, y abrió la puerta… Se saludaron fríamente, los ojos de él reflejaban un enfado evidente, al ver allí, en el recibidor el equipaje preparado, pues como siempre, él pensaba que ella desconocía la jugada…

Irene pidió disculpas por no haberse vestido y le invitó a que le acompañara a la cocina, así podrían hablar mientras ella preparaba un café para los dos. El interrogaba, pero ella mantuvo su atención en el café y las tostadas, respirando hondo, finalmente se sentó, expuso sin saña toda la visión que había tenido de las escenas del día anterior. Él, como cualquier tipo que se precie, defendió su postura indefendible, lo de siempre, negar la mayor… Pero ella con toda la calma del mundo, le informó sobre su decisión tajante, debería abandonar la casa en ese instante, puesto que ella era la propietaria y no pensaba seguir soportando su presencia por más tiempo… Él pensó en un primer momento dejar las maletas y volver en otra ocasión, cuando estuviera más calmada, pero no esgrimió ninguna razón para ello, ni siquiera intentó convencerla para intentar quedarse, obviamente tenía ya resuelto el tema del alojamiento puesto que llevaba varios días fuera de casa.

Hablaron como si de dos casi desconocidos se tratase, del trabajo, él se interesó por el estado de sus padres, de su hijo, y poco más. Tomaron el café frente a frente, sin casi mirarse a los ojos, y finalmente el decidió llevarse el equipaje para no molestarla más, no sin antes requerirla para ir de nuevo en caso de que echara algo en falta, cosa a la que ella accedió sin problemas, no era una mujer problemática, sino razonable y por su amplio bagaje personal, comprensiva y poco dramática.

Ni un beso, ni un abrazo, ya que ella dio un paso atrás cuando él hizo un amago de aproximación en aquel momento del desalojo, y así acabó la historia de su segunda pareja…
Pensó, mientras esperaba al ascensor, y le miraba de arriba abajo, que si no hubiera pasado por aquella terraza, todo habría seguido, sin que ella hubiera sabido nada de lo que pasaba. Parecía no reconocerle, como un desconocido para ella, después de tanto tiempo conviviendo en la misma casa, y le vio, por primera vez,  como a un pobre diablo callejero, un crápula que seguía la vieja vida de los bohemios sin sentar nunca la cabeza, de mujer en mujer,  de club en club,  de país en país, de  canción en canción, era lo que él sabía hacer, sólo eso cambiar constantemente. Ella que había confiado en ser su parada definitiva, le había adorado, idolatrado durante todo ese tiempo, eso sí, pero de aquello ya no quedaba nada, la indiferencia mas absoluta…Un ademán de adiós con la mano, cuando el entró en el ascensor, nueva página otra vez…. Irene se sintió agotada, soltando todo el peso del lastre que había soportado, aun desconociendo lo que había detrás de aquel hombre, siempre tuvo una leve sospecha. Tendría que hacer frente a los reproches de sus padres, que siempre le vieron como una mala pareja, qué razón tenían, pensaba ahora.

Los días se sucedieron como las páginas de un calendario gregoriano, de esos viejos almanaques de oficina, sin mayor pena ni gloria. Ella acudía a su trabajo y volvía a casa cada día, había comenzado a escribir un diario, o algo así, tampoco es que fuera lo suyo la escritura, pero sí reflejaba un par de pensamientos que le habían pasado por la cabeza durante el día, sin ninguna pretensión, era un confesión a sí misma para comprobar que sus sentimientos y su cerebro eran capaces de conectarse a algo, aunque fuera unos segundos… Recibía constantes llamadas de su amiga del alma, para salir a dar una vuelta o tomar unas cañas, una mujer divorciada que vivía la vida intensamente y con la que muchas veces había pasado momentos de risas inolvidables, pero en este momento, no tenía ganas de nada. Si no fuera porque era de cumplimiento obligado, no habría ido ni a trabajar...

Lo único que adornaba sus días de tedio gris, eran las visitas de los martes y los viernes al hospital para leerle a Pablo, y para escribir todo aquello que él le quisiera contar.

Él hacía muchos días que la notaba ausente, poco énfasis en la lectura de aquellas partes de los textos, en los que otras veces si había puesto algo de pasión, estaba triste, podía notarlo…De vez en cuando entablaba una mínima conversación, él le había dado su opinión al respecto, que era bastante arbitraria, naturalmente se había posicionado aunque sutilmente del lado masculino, dándole a ver aquel punto de vista que ella no alcazaba a entender, y criticando amablemente su forma tan drástica de acabar con la relación, pero Irene no estaba dispuesta a escuchar críticas y mucho menos corporativamente masculinas. Su momento era complicado y el procuró llenarlo de todas sus historias, en las que ya no era simplemente el desahogo lo que buscaba, sino ocupar todo ese tiempo libre e inactivo de que ella disponía en esos momentos, también empáticamente, para que no se aburriera y estuviera entretenida con la lectura y transcripción de todo lo que su enorme imaginación estaba dispuesta a revelar.

Irene seguía sorprendida con la enorme elocuencia que estaba adquiriendo Pablo, y las grabaciones facilitaban que su imaginación volara, ofreciendo un enorme abanico de detalles sobre las escenas que a ella le impresionaban…

Siguieron con sus intercambios varias semanas, conversaciones, risas, y confidencias, iban aproximando a estos dos desconocidos, la amistad iba haciendo mella en ellos, horadando sus momentos y salpicándolos de emociones cada vez mas sinceras y expuestas al otro con una libertad inusitada… Hablaban de su vida, se sus familias, amigos, quehaceres cotidianos...  Aquellas tardes con Pablo se estaban convirtiendo en la esperanza que salvaba su vida del aburrimiento más absoluto, o al menos eso pensaba…

Él le contaba  cómo se estaba planteando una intervención en algún lugar de la costa, donde había un oftalmólogo que les había ofrecido alguna esperanza, para recuperar, al menos una parte de visión, aunque la probabilidad no era garantía de éxito, él estaba dudando con la posibilidad de llevarla o no a cabo, pero no de manera inminente, con calma y cuando pudiera mantener una cita, y hablar personalmente con el cirujano.

Entretanto su amistad iba creciendo. Irene seguía viendo algunas mujeres de vez en cuando, mas bien se cruzaban con ella, puesto que a la hora en que ella llegaba a la 413, hubiera quien hubiera, salían de la habitación dejándole paso… Aquella tarde era la mujer de Pablo quien al salir la saludó con un par de besos, nada habitual ese saludo cariñoso por cierto, a los que ella respondió educada, le comentó que estaba más animada con la idea y la remota posibilidad que el médico les había dado, y que como ya estaba totalmente curado de sus heridas, seguramente le darían el alta pronto para volver a casa.

Irene, abrió los ojos y fue consciente de algo que aunque remotamente había pensado, no lograba encajar, de una manera que se escapaba a su lógica de mujer coherente, ¿porqué de repente sentía ese escalofrío sólo al escucharlo?, al menos no era inminente su marcha, pero debía ir acostumbrándose a la idea de que un día Pablo saldría de su vida, de la misma manera en la que había entrado. Recuperado o no volvería a su domicilio y ella tendría a otro enfermo/a adjudicado para leerle libros, al igual que lo había hecho con Pablo.

Mientras la mujer de Pablo se alejaba complacida y con una sonrisa en los labios, Irene empujó la puerta de la habitación con un sentimiento extraño, imaginó que podría ser la última vez que le leyera y le entristecía  pensarlo… La mujer de Pablo les había traído café y unos buenísimos pastelitos, que él había solicitado de una de las pastelerías mas delicadas de Madrid, antes de comenzar la lectura, mientras tomaban el café, ella no pudo por menos que sacar el tema, y él abiertamente le contó los planes que había estado pensando, con mayor atención de lo que ella hubiera imaginado.

En caso de que la operación se llevara a cabo, serían pocos días los que estarían fuera de Madrid, y obviamente no iba a hacerla dejar su trabajo, aunque así le apeteciera, pero a su vuelta y si le concedieran el alta, le ofreció la posibilidad de seguir sus visitas para leerle en su domicilio particular. Irene no sabía qué responder en ese momento, todo se había desencadenado de una manera tan repentina que era incapaz de dar una respuesta instantánea, hablaron de la posibilidad de que uno de los conductores fuera a buscarla al trabajo, llevarla al domicilio de Pablo y luego acompañarla a su casa una vez hubieran terminado. Todo aquello la superaba y tenía tiempo para pensarlo tranquilamente, él así se lo había propuesto, para que lo pensara, tranquilizándola ya que no necesitaba una respuesta inmediata.

Después que se hubieron tomado el café, ella se dispuso a iniciar su momento de lectura.  Al ir a sacar el libro del cajón de la mesita de Pablo, este alargó su mano para decirle algo, Irene que ya estaba acostumbrada al leve roce de sus dedos, se paró en seco, él le pidió un libro de poesía si podía elegir, ella sonriendo sacó el que en ese momento estaban leyendo, buscó entre sus páginas, se demoró un poco más de lo habitual, pero él sabía que estaba buscando algo que a ella le gustaba particularmente, y esperó, paciente…

Comenzó la lectura, una vez más, se sentía tocado por los versos que ella había elegido para ese momento, no sabía quién era el autor, se trataba de un libro recopilación de poetas, y hablaba de la ausencia, sin duda bien traído para ese preciso instante, le estremeció la melancolía de la pérdida de una forma muy distinta a lo que habría imaginado, al finalizar interrogó sobre el escritor, que era escritora Gabriela Paz Cepeda, le resultaba desconocido aquel nombre, pero le encantó el poema. Le pidió que leyera un nuevo poema de esta poetisa, para él desconocida. Y así,  como llega la poesía, le había llegado a lo más hondo, y ella eligió  otro poema.

Una vez más después de aquel rato con Irene, se quedaba sólo en su habitación y volvía a sus diatribas empresariales, a sus esperanzas de volver pronto a su casa, comenzaba a aborrecer aquella cama, aquella soledad, aquel incesante goteo de enfermeras violando su intimidad a cada instante, necesitaba cada vez más volver a retomar su vida de siempre, su trabajo, sus aventuras, su cotidianidad.

Ahora al menos contaba con la casi seguridad de que Irene aceptaría su propuesta, al menos durante un tiempo, si definitivamente volvía a casa.

Por alguna razón que aun desconocía, aquella mujer, menuda y de piel suave, con una voz que le llegaba al alma, con una capacidad de inflexión digna de la cantante más delicada, le ofrecía la calidez de una amistad que hasta ese momento había ignorado que pudiera darse entre dos personas de sexo opuesto. Ella le animaba tan sólo con su voz, sus visitas eran el acicate para soportar días enteros de pensamientos en continuo bombardeo, su cerebro era un aluvión de historias que ella hacía brotar de la manera más simple, casi sin darse cuenta estaba relatando su vida a Irene y ni siquiera sabía cómo era su cara, pero su confianza surgió de la manera más espontanea desde la primera visita, y fue aumentando hasta llegar a una casi dependencia de aquella voz, de sus lecturas, sus comentarios sobre todo lo que acontecía en el exterior desde que él estaba allí, enterrado en vida, en esa habitación de hospital.

Incluso a veces, esa piel le hacía soñar con eróticos momentos que obviamente, de no estar allí enclaustrado, ni se le habrían pasado por la cabeza, desde luego no era para nada, el tipo de mujer que él hubiera ni siquiera mirado si hubiera pasado por su lado en cualquier lugar, pero comenzaba a activar sensaciones de las que hasta ahora no se había percatado… Muchos matices que le hacían sentir esa extraña debilidad por una mujer a la que ni siquiera conocía, su cadencia al caminar, sus pasos decididos, su seguridad, sus diferentes tonos de voz, su forma de describir las cosas, su entretenida e interesante conversación, su educación, su olor, siempre fresco, que distaba tanto de los perfumes a los que estaba acostumbrado.


Definitivamente haría cualquier cosa por no perderla de vista, y seguir contando con su lectura y su apoyo en todos los sentidos, estaba seguro de que obtendría esa respuesta positiva que esperaba a su propuesta, pero en ese preciso instante se le pasó por la cabeza la extraña idea de que ella pudiera denegarla, y súbitamente sintió que un escalofrío se apoderaba de su espalda. No, se dijo, nunca hasta entonces en toda su vida se había planteado la posibilidad de que alguien le diera un no por respuesta, y temió que esto fuera un presagio de lo que ocurriría, pero se propuso no pensar en ello hasta el próximo día y dejar de elucubrar sobre cuál sería su respuesta, aunque le intrigaba sobremanera.




jueves, 12 de junio de 2014

Desnudos tras tu mirada



Y desnudos tras tu mirada, sintiendo de nuevo ese momento...

Recuerdo mis palabras como si las hubiera dicho ayer mismo, ambos acabábamos de hacer el amor como dos locos durante horas, y con esa intensa mirada fija en mis pupilas y presumiendo de mis dotes perceptivas te prometí que algún día sería capaz de escribir sobre lo que encerraba tu mirada, que me sería posible adivinar con aproximada precisión lo que pensabas en ese segundo, cada uno de los pensamientos que pasaban por tu cabeza en ese instante eran rápidamente leídos por mi cerebro, como si estuviera copiando de tu disco duro en mi memoria USB, tan sencillo como eso, tal era el grado de conexión a través de nuestras pupilas…

Había oído decir tantas veces que los ojos son el espejo del alma, que transfieren directamente lo más profundo que nuestro corazón siente, pero pocas veces en mi vida, se había dado esa extraña sensación, alguna vez ciertamente, pero hacía tanto tiempo, que ya casi me había olvidado por completo de ese momento en el que sientes un tremendo vértigo, contemplando que has llegado a lo más profundo de esa persona que tienes enfrente, tanto que hasta podrías haber conectado incluso con tus ancestros, es un viaje a la velocidad de la luz hasta el principio del Universo, con ese tremendo bigban flujo de luz y explosiones sucesivas, desde el que sabes que te has tropezado con ese igual, al que nunca buscaste pero que el destino te ofreció como pequeña compensación por las múltiples putadas con las que te había castigado durante tantos años…

Ahí estábamos ambos, exhaustos después de mil posturas del muestrario más variopinto sobre sexo, del ensayo sobre la ceguera mas enriquecedor que hubiera podido imaginar,  de mil sensaciones nuevas creadas por dos imaginaciones sin reposo con ganas de explorar la naturaleza del sistema nervioso y experimentar sus múltiples sensaciones placenteras… Cansados cuerpos y mentes, tu acostado boca arriba, yo desmadejada entrelazando mis pequeñas piernas entre las tuyas tan largas, mi cabeza reposando en tu pecho mientras escuchaba tus latidos, inmóviles casi, de no ser por esas incesantemente constantes caricias en mi pelo, a mi espalda, en mi brazo, fue en ese instante, cuando complacida y a punto casi de quedarme dormida, elevé mi mirada para inmortalizarte, o al menos intentarlo y nuestros ojos se cruzaron permaneciendo durante unos segundos inmóviles, nuestras pupilas se clavaron sin piedad y creí poder ver todo lo que estabas pensando, todo eso que eres incapaz de decirme, y que aunque pudieras no lo harías porque los tíos sois demasiado tíos para decir cosas como las que podrías decir en ese instante, pero pude ver tus pensamientos tan claramente que me asusté, debo confesarlo, porque jamás pensé poder producir semejantes sensaciones en un hombre, ni poder adivinar su forma de sentir tan limpiamente como en aquel segundo…

Tus ojos marrón verdoso son grandes y profundos, su mirada es limpia y tranquila, me produce una enorme calma, hace que me relaje o me excite según tú la cambias,  a veces se ilumina de colores alegres y otras sin embargo es una interrogación preocupada, pero lo que me transmitió en ese momento fue un monólogo sensible y tierno de una entrega y sumisión absoluta, un deseo que se extendía en el tiempo, mirabas mi piel como si de un mapa geográfico se tratase, intentando concentrarte en cada milímetro y cerrando los ojos en cada caricia,  para recordar cada pliegue de mi geografía, en una especie de oración, rogándote a ti mismo no olvidar ni un solo detalle, poder conservar todos y cada uno en tu memoria para poder recordarlos y regocijarte cuando yo no esté cerca, para que aun con los ojos cerrados mi imagen sea tan nítida que puedas recorrerla con tus manos de nuevo, en la distancia sin ningún problema… Memorizarme, nunca había sido consciente de ese momento tan intenso sensorialmente, nunca antes me había pasado, ni siquiera cuando esbocé una leve sonrisa para intentar desconcentrarte de tu intenso momento de estudio, relajaste el rostro ni dejaste de estudiarme, como si de un lienzo de El Prado se tratara, seguiste esa ceremonia de acariciar, cerrar los ojos, memorizar, una y otra vez, y yo me quedé muy quieta para facilitarte aquella grabación de datos en tu mente, mía en ese momento…Después de mucho rato, mucho, cerraste los ojos y me besaste suavemente en la frente, con un abrazo apretado y volví a mirarte, nos miramos, esta vez era un ruego lo que tus ojos  reflejaron, parecían decir con ese brillo increíble “no te vayas, por favor, no me dejes solo nunca más, quédate, tal y como estas, no te muevas siquiera, permanezcamos así eternamente…” que en tan sólo un instante cambió para parecer una pregunta “¿Por qué tenemos que alejarnos?”, y de nuevo ese largo silencio, más, muchas más caricias, acariciándonos siempre…

Hay instantes que son imposibles de olvidar, por pequeño que fuera el leve espacio de tiempo que ocupan en nuestras vidas, aunque el período sea infinitesimalmente pequeño en comparación con lo que duran otros muchos,  en mi álbum de recuerdos más felices, quedará de por vida esa mirada, ese segundo infinito, ese instante, y sé que no importará el tiempo, ni la gente que pase, ni el resto de segundos de mi pequeña y discreta colección de felicidades, porque siempre me devolverá  a esas pupilas que me hicieron sentir tan especial, lo más importante del planeta aunque solo fuera ese segundo, y eso siempre se traducirá en una sonrisa, ese momento de paz me recordará siempre,  que una vez me sentí lo más importante de este planeta, ¿te parece poco?, quizás a ti te lo parezca…

No vuelvas a intentar mentirme  con tu mirada, porque ya nunca más lo conseguirás, ella se convirtió en ese momento en una amiga que fielmente me desvela cada una de tus sensaciones, ya no puedes controlarla, me asusta sobremanera porque sé, que a mi vez, la mía, seguramente se ha hecho tuya, y me da tanto miedo ser transparente, no tener nada tras lo que esconderme e ir con el corazón al aire, desnuda de alma, ambas almas expuestas a todo lo que se opone a su encuentro, con toda la falsedad que hay por ahí, y nosotros vaciándonos de sentimientos y regalándonos el uno al otro todo lo que no podemos, lo que no debemos…

Quizás me volví totalmente loca y nada tuvo que ver lo que escribo, con lo que pensabas en ese momento, quizás nunca fue real ese bendito momento, tal vez sólo formó parte de un sueño en tu pecho, pero fue tan real, tanto, que ya da igual si lo fue o no, sigue siendo aquella mirada la que provoca mi sonrisa siempre que la recuerdo, y lo hago a menudo, lo confieso… La sensación que produjo en mi vuelve a reproducirse una y otra vez cuando mi sonrisa evoca su recuerdo, milagros del disco duro, supongo…


Y sí, claro que me gustaría saber si estuve en lo cierto, o si por el contrario flipé como es mi costumbre normalmente cuando voy pasada de sentimientos, pero no te lo puedo preguntar porque aun no sé si todo esto fue sólo eso, un sueño…





Música: 1. Claude Debussy: Valse Romantique L71 y  2. Beau Soir

viernes, 30 de mayo de 2014

Regalo de Cumpleaños atrasado para GFP, sabrás disculparme por eso?






Si en algún momento de mi vida, alguien hubiera mencionado que algún día escribiría un relato por la razón que hoy lo hago, simplemente me habría reído en sus narices, sin más, o quizás habría incluso esgrimido que algún brote de locura tendría que haberse producido, para hiciera semejante cosa, pero aquí estoy, a mis años, contando un cuento a alguien que tampoco está en edad de que le sean contados.

En una humilde ciudad del este español, conocida en el reino por su hermoso Castillo, habitaba un rey que deambulaba por las almenas cabizbajo y cariacontecido, su reina hacía tiempo que no le prestaba atención, pues andaba involucrada en labores de intendencia debido a su gran preparación y por  extraordinaria valía en las cuestiones de rentas, se preocupaba tanto de su reino que con su amante esposo apenas le quedaban fuerzas para poder compartir unas palabras al final del día… Sus hijos tampoco es que le prestarán atención, a pesar de que sufrieron su ausencia durante la época de las grandes batallas, al recuperarlo en tiempos de paz valoraron el poder disfrutar, de alguna manera, lo que antes habían sufrido en ausencias, pero su edad les llevaba mas fuera de casa que dentro y por ello tampoco fueron gran compañía para el regente.

Fue entonces cuando descubrió el arte de la cetrería. Gran aficionado a la caza desde sus tiempos mozos, había participado en no pocas ocasiones en cacerías de piezas grandes y pequeñas, conocía bien el acoso, y las características específicas de cada una de las especies, para cobrar sus piezas a pesar de mil entuertos. Pero aquel pájaro azul le mostró que era mucho más sencillo utilizar estas aves para obtener mayor número de piezas y poder así convertirse en el gran cazador que siempre había ambicionado ser.

Viajaba el Rey a sus anchas por doquier, regiones adyacentes a sus tierras del Castillo, cuando atendiendo a eventos descubrió que en las tabernas y mestas del camino se libraban otras batallas en las no era hasta el momento, lo suficientemente ducho, así es que gran investigador en las tareas que le interesaban, se dio casi sin pensarlo al entrenamiento en alcobas de las mozas más bellas de todos los andurriales y pueblos cercanos.

Cada vez se hacían mas frecuentes sus ausencias del Castillo y mientras su Reina andaba preocupara por aumentar sus ingresos, el dedicaba a la caza en las haciendas, y posteriormente en las mestas gran parte de su tiempo…

Aumentó sus piezas, gracias a su maestro cetrero y cobrábase asimismo los amores de las mas afamadas mujeres de aquellos lugares que visitaba. Así un buen día descubrió gracias a una de ellas los corrales de comedias, y en ellos a literatos de la época con quien tomaba buen vino escuchando sus historias, que finalmente terminaron por atraparle, al menos de forma comparable a lo que lo hacían las hembras, y la cacería…

Andaba nuestro Rey en estas lides, ocupando la mayor parte de su tiempo cuando llegó a sus oídos que un nuevo escritor de comedias había en lejanas tierras, cuyas historias hacían que la gente viajara largas distancias para verlas.

Y como aficionado que era, anduvo presto a viajar para ver si realmente su fama merecía tanto la pena, poder presenciar alguna de sus comedias, dramas, o cualquiera que fuera lo que escribiera. Viajó lejos de su reino, tanto que agotado pidió dormir en una posada ya casi llegando al lugar, tenía tanta hambre que quiso cenar en la taberna antes de subir a sus aposentos. Bajó  a intentar ocupar una mesa, pero el comedor estaba abarrotado de gente que reía y vociferaba incesantemente, dio una vuelta para encontrar un sitio y entonces le vio…

Aquel caballero con un sombrero enorme le hacía señas con el brazo en alto para que se acercara… Agudizó la vista para intentar averiguar quién era, pero comprobó que además de no conocerle de nada, parecía ser el centro de la reunión y quien llevaba la voz cantante haciendo reír a carcajadas a todos los allí presentes…

Raudo, tomó asiento al lado del caballero que así se lo había solicitado, mientras pedía sus viandas, el caballero siguió hablando, todos le escuchaban, contó la historia de sus andanzas con una mujer casada en tono jocoso, y todo eran carcajadas, estuvo hablando largo rato hasta que finalizo su relato, y entonces todos cerraron con un aplauso, mientras el pedía más jarras de vino… El contador de historias comenzó a interrogarle sobre su procedencia y sus razones para visitar la ciudad, y el Rey encubriendo su verdadera personalidad, le confesó la causa de su visita.

Dialogaron amistosamente durante un largo rato, mientras ambos terminaron cena y bebida, el caballero indicó la retirada a sus aposentos y ambos se dispusieron a abandonar la mesa, el contador de cuentos recogió de la mesa dos jarras de vino y se dirigieron a la escalera de madera… Hablando llegaron al pasillo donde se encontraban sus estancias en la planta superior, una frente a la otra en el mismo pasillo. Y estaban en plena despedida cuando el caballero le invitó a entrar en su aposento para tomar un último trago antes de ir dormir, el Rey  asintió aunque estaba cansado, una copa más no haría mella en su ya denostado estado de embriaguez…

Una vez en la estancia el Caballero quitó su enorme sombrero dejando al aire su media melena de pelo rubio rizado, al fin pudo ver claramente el rostro que le intrigó sobremanera.


Sentaronsé en la cama pues no había otro lugar donde hacerlo, y bebiendo de sus jarras, el Rey accidentalmente vertió el vino sobre su acompañante, éste sin rubor alguno comenzó a desabrochar su casaca para zafarse de la mancha cuanto antes, quedando tan sólo con su camisa blanca ante el Rey, este se ruborizaba de nuevo pues le pareció advertir dos pechos bajo la camisa blanca de enorme vuelo…. El caballero prosiguió deshaciéndose de algunas de sus prendas hasta quedar tan solo con la camisa puesta, y tomó de nuevo asiento a su lado…

El rey visiblemente turbado no pudo por menos que preguntar si  cabría la posibilidad de que en vez de un caballero, su acompañante pudiera ser una dama de hombre disfrazada, pero se encontró con la mofa de su contertulio y la elocuencia de su verbo para demostrar lo contrario…

Siguieron charlando y riendo durante largo tiempo, finalmente el vino comenzó a hacer mella en ellos, el caballero ayudó al rey que se quejaba de dolores en sus pies, a quitar sus calzas, y él mismo se despojó de la casaca, el calor del vino encendía ya sus mentes, y en las conversaciones hizo acto de aparición, como en toda borrachera que se precie, el fragor de la batalla en las alcobas de las mozas, fue entonces, cuando en una enorme carcajada la blusa del caballero mostró uno de sus pechos a través de la abertura que la camisa tenía hasta casi su ombligo… El rey quedó paralizado ante semejante visión, y casi como un acto reflejo fue a acariciar el fruto de su ardor, sin rozarle la piel el caballero quedó sumido en un silencio absoluto, incluso el rey creyó escuchar un leve suspiro, pero retuvo su mano volviendo atrás el camino andado y recuperando la cordura un segundo… Ambos se miraron a los ojos y el rey no pudo evitar acariciar el muslo del caballero por su parte interior y en sentido ascendente, se hizo un silencio sepulcral y donde todo habían sido risas, el calor de las pieles y en plena subida del alcohol hizo que se encontraran a sí mismos acariciando sus cuerpos aun bajo las camisas.

En la mente del Rey la estampa de caballero aun le paralizaba mentalmente, cuando su acompañante comenzó a despojarle de su camisa y arrodillándose ante la cama, acarició su pene hasta conseguir una considerable erección, fue cuando sin dilación la introdujo en su boca para realizar una felación que dejó al Rey sin aliento, mientras observaba a éste, hace unos minutos caballero, chupar y succionar su glande hasta hacerle eyacular de placer dentro de su boca, -gritó el Rey… ¡Joder! ¡Mira que sois bueno!-... Echó su cuerpo hacia atrás quedando tumbado en la cama…

Entonces el caballero se acostó a su lado y permaneció en silencio hasta que su pobre Rey recuperase el aliento…

Fueron muchos los minutos que permaneció en silencio, aun intentando asimilar lo acaecido en su encuentro, cuando el caballero se levantó, pues tenía sed, a beber de una jarra que había a tal efecto… Estaba saciando su sed, cuando una gota de la jarra resbaló por la comisura de su labio hasta la barbilla, y de allí siguió cayendo hasta su pecho izquierdo, la gota quedó parada en su pezón,  el Rey se incorporó para contemplar semejante paisaje, al contraluz de la ventana la gota brillaba en el pezón, su garganta se secó como si estuvieran en medio de un desierto y se aproximó acariciándolo suavemente, mientras lo introducía en sus labios para saciar su sed con esa brillante gota, lamió con cuidado la gota del seno, mientras una mano acariciaba el otro pecho, el succionaba ávidamente el primero y su otra mano acariciaba entre las piernas del caballero, tal era la lascivia que provocaba su lengua que pronto notó la humedad en la mano, y quiso saciar su sed de nuevo, bajó y abrió suavemente los labios del caballero acariciando con su lengua el botón que activó el deseo, gemía el caballero y mas se excitaba el Rey poniendo mayor empeño en producir mas y mas placer al caballero, hasta que llegando al éxtasis gritaba el uno, mientras el otro no sólo no paraba sino que siguió una y otra vez, sin reparar en el sueño hasta que ambos cayeron rendidos ya sin fuerza en los cuerpos.

Durmieron, si poco rato, pero intenso sueño…



El caballero despertaba con la primera luz del amanecer, y vistiose presuroso, salió de la habitación sigilosamente, tan en silencio que el rey no fue consciente de su ausencia hasta la que uno de sus criados vino a despertarle.

Al ver que en la habitación ya no estaba el caballero preguntó por él, pero le respondieron que había salido hacía horas ya camino Toledo.

Reiniciaron el viaje y finalmente a la función teatral acudieron, estaban ya los aplausos el último acto  culminando cuando los actores sacaron al autor de la obra para que saludase con ellos al público y recibiese a su vez el merecido aplauso, cuando el Rey palideció al ver salir al escenario al Caballero, aquel con quien había pasado la noche, era vitoreado por actores y público, era el autor del que había oído hablar largamente, ese era su Caballero.

Ni que decir tiene que aunque potestad tuviera como Rey para desfacer el entuerto, ni se le ocurrió por un momento desvelar aquel secreto, pensó más bien que seguro le vendría mejor y quizás prodigaría algún otro encuentro.

Grande crecía la fama del Caballero y el Rey seguía anhelando verlo de nuevo pero las tierras donde siempre iba les alejaban más y más del encuentro. Y aunque el rey no pudo olvidar nunca aquella noche, tampoco lo deseaba, se regocijaba en el encuentro en sus momentos de asueto, volvía a revivir segundo a segundo la noche con el Caballero.

Lamentablemente la historia no continuó, pero al Rey, aquella noche, le cambió por completo, a partir de entonces y de por vida, siempre que recordaba al Caballero, lucía una preciosa sonrisa que se convirtió en uno de sus mayores encantos, con ella conquistó de nuevo a las gentes de su reino, a otros reyes vecinos, a su familia al completo, incluso la Reina disfrutó en algún momento de un nuevo Rey después de aquel encuentro.

Dicen que nunca hubo una sonrisa como la de aquel Rey, y no era menos la del Caballero que escribió de intrigas nuevas, y tragicomedias con la chispa añadida por todo lo vivido aquella noche con el Rey.
A veces sólo un encuentro bien vale una vida.

….Y los años pasaron, y el Rey sonrió siempre


Y colorín colorado este cuento se ha acabado