viernes, 31 de enero de 2014

III Parte - TWEET INSPIRADOR







El la acercó cogiendo su brazo, hacia una silla que había cerca de la pared, inclinó su cuerpo sobre el respaldo de está y se agachó ante ella y agarrando cada uno de sus tobillos para abrir sus piernas, le dio instrucciones para que no se moviera… Entonces cogió uno de los instrumentos que había colocado sobre la gamuza roja y se dirigió a ella en un tono amenazante, un tono que ella nunca había escuchado, prometía un castigo ejemplar, como castigo por esa toma de iniciativa que había tenido lugar en la cafetería, por alguna razón parece que a él no le había gustado, estaba confusa, pero si ella hubiera jurado que parecía haber disfrutado como un poseso, y ahora aquella reprimenda le demostraba lo contrario…

No vuelvas a tomar la iniciativa con tu Amo, Sumisa tú debes estar a mi merced y no al revés, ahora lo aprenderás y comenzó a azotar sus glúteos, no demasiado fuerte, pero  rítmicamente iba incrementando la fuerza en cada golpe, ella no podía entender como toda la dulzura del momento anterior se había esfumado, e intentó aguantar estoicamente pensando que en algún momento aquella broma pararía, pero no fue así, y su confusión seguía aumentando porque lejos de sentirse molesta, aquellos azotes la estaban excitando…


En un determinado momento él comenzó a usar algún instrumento que ella no alcanzaba a reconocer, era plano y peludo al principio luego la textura cambió y los golpes continuaron siendo aun más fuertes cada vez… A pesar de dolerle le producían una excitación que jamás habría pensado… Él le pidió que se inclinará un poco más e introdujo dos de sus dedos sin previo aviso, brutalmente en su vagina, mientras continuaba azotándola, no sabía cómo, ni porqué, pero estaba tan excitada, que se vio a sí misma  a punto de un orgasmo, en ese instante pararon los azotes y sacó sus dedos de repente… Se hizo el silencio de nuevo…El hizo que se girara y la sentó sobre la cama, no podía ver lo que ocurría pero escuchó como él se alejaba y volvía de nuevo, ponía algo en sus pezones que le producía un dolor punzante y desconocido, tomó sus manos y las colocó en su miembro que ya tenía una erección considerable y le indicó que le masturbara, ella comenzó a seguir sus órdenes y fue entonces cuando él se la introdujo en la boca…. Continua le dijo quiero follarte la boca y que sientas que mi placer es lo único que deseas en el mundo, ella chupó y succionó rítmicamente, el sujetando su pelo,  impuso el ritmo y el grado de penetración que a él le excitaba. Ella estaba superada hubo momentos en que no podía respirar y casi se ahogaba por la profundidad a la que él la obligaba a llegar, él gemía y ahogadamente le pedía mas y mas, ella totalmente doblegada volvía a excitarse con lo que escuchaba, y estaba ya tan excitada que hasta había olvidado el punzante dolor que presionaba sus pezones… Notó su fluido caliente y amargo inundando su boca, incluso chorreando por la comisura de sus labios….

El tocaba  y acariciaba su cintura y la conducía a la cama, la empujó levemente aun sentada y se arrodillo introduciendo algo que vibraba en su vagina, sus piernas comenzaron a convulsionar, y sintió como sus orgasmos la mojaban, notó su lengua en el clítoris circundando y lamiéndola sin parar, gritaba, para por favor, mientras él le susurraba que iba a sentir de lo que era capaz, que no se preocupara… Pensó que no podría eyacular tantas veces seguidas, pero un orgasmo siguió a otro, y él no paraba, continuaba estimulando y parando levemente para volver a comenzar, de una forma escalonada y ella iba abandonándose a algo que ni sabía que podría haber llegado a sentir de no ser porque era real, esta vez no soñaba…  Él Acarició su cara suavemente y le quitó aquello que pellizcaba sus pezones, casi tuvo otro orgasmo por el placer que le produjo dejar de sentir aquella enorme presión… Respiraba, pensando que descansaría al fin…




Fue entonces cuando él con mucho cuidado la obligó a girarse y la colocaba boca abajo de rodillas a cuatro patas sobre la cama, y sus nalgas doloridas notaron algo frio, el estaba extendiendo algún tipo de gel o algo así en su trasero… Notó sus manos que la tocaban con fuerza esta vez, casi marcando su piel, con fuerza en su espalda, arañándola, le sujetó el cuello y lo lamió desde detrás de ella, su excitación aumentaba de nuevo… Cuando ya había explorado todo su  cuerpo con aquellas caricias arrancadas a su piel, de nuevo introdujo sus dedos, y la incitó a un orgasmo fuerte y casi agónico en solitario, arrancado a gemidos y casi rogándole que esta vez acabara lo que había empezado… Cuando pensaba que podría descansar un rato, notó su miembro introduciéndose brutalmente desde detrás con un golpe seco en su vagina… Un vahído, se mareaba, acababa de correrse y su sensibilidad sin embargo se elevaba de nuevo hasta límites insospechados, él le pidió que no se cohibiera que gritará si era necesario, y ella no pudo por menos que ahogadamente intentarlo, los golpes secos le hicieron casi perder la noción del tiempo, pero cuando mayor era su grado de excitación el introdujo algo en su ano, y ella que nunca había usado aquel hueco, sintió el mayor de los placeres que nunca antes hubiera experimentado, sus sensaciones se multiplicaban, sus pezones, su vagina, las manos de el sujetando fuertemente sus caderas, clavando sus uñas, aquello en su ano, y sus constantes orgasmos, gritos, ruegos… Gemidos


Desesperada pedía mas, el terminó eyaculando en un momento determinado en que ambos ya perdido el control, casi desfallecieron al unísono…. Desarmados, cansados, permanecieron unos minutos en silencio, más de lo que habrían pensado… El retiró los instrumentos poco a poco, primero de su ano, después desató sus manos, aflojó la venda de sus ojos que quedó en su cuello, la giró sobre la cama y acaricio sus pechos, su cuerpo entero con una dulzura inenarrable, inesperada después de todo lo que había pasado… Permanecieron en silencio, se miraban fijamente, el brillo en los ojos de él le confirió la sensación de plena satisfacción que experimentaba, hasta percibió su acuosidad a punto del llanto, pasó un largo rato…


Él se levantó de aquella cama y se despojó de la ropa que aun llevaba,  lentamente, mientras ella casi desde el inconsciente, tumbada en la cama notaba como ardían sus glúteos, recobraba finalmente consciente las sensaciones  de su cuerpo dolorido, de nuevo tomaba el control de sus sentidos, aunque era incapaz de moverse….


Notó su piel al tomarla en brazos, aun no podía ver con nitidez sus ojos lloraban, con una dulzura increíble la llevó en sus brazos hacia el baño la sujetó para que pudiera mantenerse en pié y retiro la venda de su cuello, que cayó al suelo… Entro primero en la bañera y le ayudó a entrar, ambos se sentaron, él detrás de ella, la colocó entre sus piernas y permanecieron mucho tiempo al calor de las velas, sin mediar palabra, el acariciaba su pelo, besaba su cuello, ella sin fuerzas para moverse, tan sólo pudo esbozar una tierna y tenue sonrisa, no hicieron falta palabras, se adivinaba la satisfacción personal de ambos, hubo mucha ternura, el cariño era evidente, respeto mutuo y una complicidad sin límites había comenzado sin duda, tan sólo la música de fondo acompañaba la escena, y los leves suspiros de ambos… Mientras entre suspiros el pronunció susurrando la frase que ella deseaba escuchar…. “Cariño ha sido increíble, increíble…”, mientras ella sonreía de nuevo y apoyaba su cabella en su cuello depositando un beso muy suave en su barba…

viernes, 10 de enero de 2014

EL CIEGO - 7º Morbo, empatía y el tacto de su mano


 
 

Al día siguiente nuestra Irene se disponía a transcribir el texto del relato a un documento en su ordenador cuando recordó que apenas había prestado atención a los libros que Pablo le había regalado, y aunque todavía estaban enfrascados en el que estaban leyendo, decidió echar un vistazo mientras desayunaba antes de ir a la oficina.  Estaba un poco preocupada porque su pareja, que habitualmente a esa hora ya se encontraba durmiendo, aquella mañana aun no había llegado a casa… Decidió hacerle una llamada pero el mensaje de su móvil era el típico, que decía que en ese momento se encontraba a apagado o fuera de cobertura. Procuró no obsesionarse y continuar con su rutina, después de todo seguramente estaría en casa de algún amigo. Algunas veces cuando terminaban en el Club de Jazz a eso de las 4 de la mañana solían ir a otro lugar a tomar una copa, y si eran mas de dos,  en alguna ocasión había decidido quedarse en casa de alguno de sus colegas músicos, para no tener que conducir de vuelta a casa bebido.

 

Miraba esas nuevas adquisiciones cuando recibió la llamada de su pareja, se disculpaba, al parecer había surgido un concierto fuera de los programados y no era en Madrid, tendrían que desplazarse a otra ciudad y sería ese mismo día por la tarde por lo que decidió quedarse a dormir en casa de quien que le llevaría y traería de vuelta al club por la noche, y no volvería a casa hasta la mañana siguiente.

 

Con la naturalidad a la que estaba acostumbrada, y sin hacer preguntas, siguió con su horario habitual, definitivamente esa tarde cuando volviera a casa transcribiría de una vez por todas, aquel texto que en este momento, había perdido inusitadamente interés, debido a esa historia que su pareja le había comentado al teléfono, no quería pensar pero algo no encajaba…

 

Ya algunas veces por motivos de trabajo se alargaban aquellas faltas de casa y ella comenzaba a pensar que probablemente había algo más detrás, pero en aquel momento de su vida, simplemente no tenía la energía suficiente como para dedicarle tiempo a la historia de su pareja, cada vez se producían mas a menudo estas ausencias y si bien al principio lo pasó mal, el tiempo que es un buen maestro, le enseñó a llevarlas con una enorme calma.

 


Entretanto es difícil imaginar los meses que llevaba Pablo en un hospital con el cuerpo magullado recuperándose de las heridas y  habiendo perdido el sentido de la vista, él se aburría tremendamente tantos días, que cuando Irene llegaba era un soplo de aire fresco que ejercía de revulsivo a su rutina cotidiana, de alguna manera su presencia se había convertido, en lo único que le posibilitaba una vía de escape, no ya a través de la lectura que tanto le apasionaba, sino que casi sin darse cuenta, se había descubierto a sí mismo como el escritor que siempre habría deseado ser, ella le brindaba la posibilidad de ejercitar su narrativa, si bien se encontraba mas a gusto no por su imaginación, sino por la capacidad de narrar pasajes de su vida que de alguna manera le atormentaban, y que el simple hecho de escribirlos, o mejor dicho de dictarlos, le servía para sentirse un poco mejor, y descargar toda aquella intensidad que de otro modo no hubiera podido descargar.


A veces ponía un énfasis exagerado al describir las escenas de sexo, porque le divertía enormemente la reacción de Irene ante esa capacidad suya de hacerla sentir un escalofrío y el morbo que esto le producía, era algo que él disfrutaba con alevosía.


Durante la semana procuraba recordar detalles, de los acontecimientos que le relataría, los más enervantes quizás para que ella sintiera vergüenza al escribirlos, le divertía tanto aquella reacción, le daba un aliciente añadido al momento de dictarlos, una pequeña subida de adrenalina, que incluso le motivaba una leve excitación, era una sensación de las más agradables que había sentido desde que se encontraba ingresado y que le daba la posibilidad de transmitir a su vez a Irene. al notar como su aliento se aceleraba, y su olor corporal se agudizaba probablemente por el calor que le producía escuchar aquellas tórridas escenas de sexo. El se divertía, aunque nunca mentía, eso sí,  daba mas detalles de lo que el mismo relato requería, incluso a veces ampliaba o recrudecía los hechos libidinosamente para provocar esa incomodidad de ella que tanto le atraía…

 

Poco a poco iba desgranando, personaje a personaje cada una de las múltiples amantes con las que había engañado a su mujer, a lo largo de los años, incluso a estas alturas le parecían pocas las que recordaba, porque había habido muchas más, sin que él fuera precisamente un Casanova, si había sido sexualmente muy activo.  A pesar de que su matrimonio debería de por sí, haberle mantenido tranquilo en este sentido, porque en ningún momento la relación física con su esposa había decaído y mucho menos fallado, muy al contrario permanecían, a pesar de los años, disfrutando de un buen sexo juntos, y por separado, aunque era algo que él en ese instante desconocía.

 

Cuando Irene llegó ese viernes por la tarde, el la estaba esperando, antes de que ella se disculpara porque aun no había tenido oportunidad de transcribir el relato, entre el trabajo,  y la desaparición de casa de su pareja no le había sido posible, aunque de este segundo tema prefirió no decir nada… Disculpada Irene, comenzaba la lectura, pero diez minutos mas tarde Pablo le interrumpió para pedirle que escribiera un nuevo relato, tenía una necesidad inminente para dictarle, porque sino que se le escaparían los detalles.

 

Cuando estaba hablando, Irene que escribía como siempre, soltó un leve suspiro y el inquirió si le sucedía algo, a pesar de su disimulo, el notó que había algo extraño, ya que Irene no tenía para nada su aire relajado habitual, pero prosiguió con su relato, casi al final cuando narraba la vuelta a casa con su mujer después de una de estas aventuras esporádicas, Irene súbitamente comenzó a sollozar en voz muy baja, quería evitar que él se diera cuenta, pero comenzó a llorar… Pablo que no sabía exactamente cómo reaccionar se dirigió a ella con una sensibilidad sorprendentemente sutil,  interesándose por lo que le pasaba, a lo que ella desconsolada terminó contándole su preocupación por la ausencia de su pareja, sin una razón que ella pudiera llegar a entender aun… Estaba según parecía totalmente desolada…

 

Pablo procuró tranquilizarla, le pidió que se sentara en la cama para poder tomar su mano y que pudiera sentir un poco de calor humano y su afecto a cambio de todo lo que ella le daba… Entrecortadamente y entre lágrimas le contó lo que le pasaba, y a él, ducho en el arte de las excusas, se le ocurrieron mil razones para que no se preocupara, las fue enumerando poco a poco pero ella no dejaba de llorar, mientras sujetaba su mano con la mano izquierda, su mano derecha acariciaba el hombro de Irene para intentar consolarla, ella temblaba, estaba hundida en una pena que él no lograba comprender, nunca obviamente se había encontrado en aquella tesitura, pero vinieron a su cabeza un montón de situaciones en las que fugazmente podía ver a su propia mujer en ese momento que estaba pasando Irene, se estremeció al pensar todo el sufrimiento que esas repetidas situaciones habrían podido causarle y su mano tembló también al acariciar ese hombro…

 

Ella fue dejando el llanto y atendiendo a las palabras de consuelo de Pablo, autoconvenciéndose de que quizás estaba ofuscándose en algo que no tenía mucho sentido, los minutos pasaron rápidamente y ella le pidió poder irse a casa un poco antes aquel día,  lo que naturalmente Pablo aprobó… Ella apartó su mano aun con la huella de su tacto, y levantándose de su improvisado asiento en el borde de la cama, colocó el libro en el cajón de la mesita, guardó el cuaderno con el nuevo relato en su bolso para poder transcribirlo, se despidió de Pablo con una voz perjudicada aun por el llanto, y él volvió a intentar tranquilizarla con sus palabras.

 

Ambos habían tenido en ese mal momento de Irene un encuentro nuevo, la sensibilidad de los dos había coincidido en un leve espacio de tiempo, y por unos minutos el contacto había sido más humano, piel con piel, sus manos, una sensación que a ambos había dejado tocados, no en el sentido en que cualquiera de nosotros podría pensar, era algo diferente era una nueva forma de sentir esa comunicación mas cálida, mas profunda, que había reforzado la incipiente amistad que se estaba forjando.

 

Pablo quedó sumido en la soledad del cuarto a oscuras, reviviendo esos reencuentros con su mujer después de sus aventuras, escudriñando esas caras en sus recuerdos, vislumbrando todo ese sufrimiento que hasta hoy había sido incapaz de percibir, y sintió por primera vez la empatía que nunca antes había sentido, se sintió extraño.

 


Ella decidió volver caminando por aquel parque, sus lágrimas habían cesado aunque con ese sexto sentido supo que algo estaba cambiando, tenía que hablar con su pareja sobre aquellas ausencias y tenía que hacerlo razonablemente calmada, al menos contaba con un día más para conseguirlo.


Aquella noche releería el cuaderno y se pondría a transcribir los relatos de Pablo…

sábado, 4 de enero de 2014

GABI Y CRIS - II Parte





Al día siguiente se vieron brevemente en la oficina y ella se le acercó en el pasillo, cuando él se disponía a sacar su café de la máquina… Quería excusarse y pedirle si podrían de nuevo retrasar esa reunión para la próxima semana, uno de sus clientes, a su vez, le había solicitado retrasar la entrevista para hacerla coincidir con la hora del almuerzo y de ahí tendría que salir a toda prisa para casa… Gabi asintió, pero en esos momentos, y a pesar de que su jefe le pediría el resumen de la reunión, lo que mas le preocupó fue la mirada de Cris, o debería haber dicho la no mirada, porque ella, que siempre había buscado el contacto visual, durante esos minutos de charla improvisada, había esquivado hábilmente su mirada, y en ningún momento habían coincidido sus pupilas, le preocupaba como hombre sensible, que ella estuviese esperando una respuesta que él no hubiera sabido darle, cuando lo que realmente deseaba con todas sus fuerzas, era volver a ver a esa mujer a solas y cuanto antes mejor… Quedó inquieto pero tuvo que iniciar su jornada laboral con esa incertidumbre, ya que eso era algo no podían eludir ninguno de los dos.

 Cris estaba triste, en cierto modo esperaba que hubiera sido él quien la buscara, quien con un roce de su mano o cualquier otra señal, le hubiera indicado que necesitaba algo mas de ella, eso que ella tanto deseaba, por eso no se atrevió a mirarle siquiera, no quería exponer sus pupilas ansiosas a su mirada, no podía sufrir esa reválida, sin quizás derramar un lágrima o incluso algo peor, alimentar un fin de semana melancólico donde la desgana, la llevara al aburrimiento cruel de su apartamento solitario. Sabía que eso podría haber sido más llevadero con tan sólo una mirada, pero no hizo el mínimo esbozo de ganas, para que él no descubriera sus sentimientos, en cierto modo lo que necesitaba era que fuera él quien esta vez hubiera tomado la iniciativa, para no tener que agobiarse a sí misma en la culpabilidad de estar atrayéndole a algo que él no quería.  Volvió a la rutina de sus citas, después le esperaría un fin de semana aciago, de lecturas, pelis en la tele, y algún paseo solitario, con un poco de suerte, alguna amiga le haría salir un rato a tomar algo, a esos lugares de copas que no le hacían ninguna gracia.


Al terminar la comida en el restaurante con sus clientes Cris fue a casa, descansó un rato y puso una alarma el móvil por si se quedaba dormida, no quería llegar tarde al gimnasio, como efectivamente pasó, se quedo dormida. Cuando sonó la alarma, se levantó y cogió su bolsa para el gimnasio, metiendo la ropa. Se cambió su ropa de oficina por  una más informal y se preparó una “relaxing cup of tea”, mientras leía un poco su tuiter, que era una de las alegrías que se podía permitir en esos ratos perdidos, donde no disponía de mucho tiempo, ni tenía ganas de algo más complicado, a veces reía a carcajada abierta, otras descubría cosas interesantes, escuchaba canciones olvidadas, incluso algunas nuevas que descubría al entrar en los links que colgaban algunos usuarios,  alguna vez recibía algún DM (ya sabemos todos, esos mensajes en privado, que pueden alegrarte el día o bien estropearlo), hasta en alguna ocasión había soltado una lágrima cuando alguien escribía uno de esos tuits que te tocan la fibra.

Después decidió ir caminando al gimnasio, ya que aquel viernes tenía mucho tiempo para poder hacerlo y así tomaría un poco el aire, el verano estaba siendo bastante generoso y no fastidiaba con calores extremos…

Llegó y al entrar en recepción le dijeron que un amigo había venido a hacer la clase con ella, y que estaba en los vestuarios, inmediatamente pensó en él, seguro,  ¿qué otro amigo iba a ser?, y cuando le vio llegar a la clase de GAP ambos esbozaron sonrisas, los dos lo hicieron mirándose fijamente, la clase transcurrió entre risas y bromas, él andaba un poco desentrenado, y entre el monitor y ella aprovechaban cada mínimo detalle para bromear sobre su baja forma. Al finalizar la clase cada uno acudió a sus duchas y quedaron en reencontrarse en la puerta… El se ofreció a acercarla a casa en coche y ella aceptó, rieron y bromearon todo el camino sobre la clase y finalmente llegaron a casa de Cris.


Ella estaba tan contenta de que hubiera venido que le ofreció subir a tomar algo, y el que andaba como un niño esperando la más mínima oportunidad para pasar mas tiempo con ella, aceptó sin dudarlo…


Los dos minutos en ese ascensor se convirtieron en el momento mas tenso del mundo, él la miraba fijamente, y ella bajó de nuevo la mirada, pensó que si le miraba podrían no llegar nunca a casa, deseaba tanto su abrazo que se cruzó los brazos delante del pecho, como si de una armadura se tratara…


Al fin se abrieron las puertas del ascensor y ella suspiró aliviada… Entraron y el tomó asiento en el sofá mientras ella fue a la cocina a buscar unos vasos, el decidió tomar una cerveza, ella se sirvió una copa de vino tinto, se sentó al otro extremo del sofá, y  comenzó a desabrochar el nudo de sus zapatillas de deporte, él se ofreció agachándose para hacerlo por ella… Y cuando se las quitó levantó la mirada, al notar esos ojos clavados en él, de nuevo sintió ese escalofrió que recorría su espalda de abajo arriba, ella se inclinó para besarle, pero aquello no fue un beso fue un resorte, que abrió de nuevo aquella puerta del deseo, con su lengua recorriendo esos labios en los que tanto había pensado, su cuello, ella le besaba con desesperación y él se dejaba hacer, allí cobijado en su pecho ella le acurrucó y abriendo los botones de su camisa, el comenzó un recorrido con su lengua, mientras ella reclinaba su cuerpo hacia atrás para recostarte en el brazo del sofá,  el acaricio cada centímetro de su cuerpo muy lentamente, ella se dejaba llevar por su deseo mientras se le escapaban gemidos, el bajó a su sexo y jugó e hizo todo su repertorio mientras ella se dejaba ir cada poco totalmente inconexa con el espacio y el tiempo…


En uno de esos momentos de subida increíble de deseo ella le pidió que la penetrara, que había estado esperando ese momento tanto tiempo, y giró su cuerpo para que pudiera hacerlo desde detrás mientras acariciaba su pene, lo besó antes de terminar de girarse y le pidió que lo hiciera lo mas fuerte que pudiera, él la penetro de un golpe seco y ella gritó, pidió mas, le incitó a hacerlo, le susurró que quería ser suya y él se volvió totalmente loco por poseerla como nunca antes lo había hecho. Ambos siguieron el ritmo que marcaron sus cuerpos y aun tardaron un rato en completar el momento, pero disfrutaron  como pocas veces en una vida de ese enorme y fascinante deseo… Agotados permanecieron abrazados largo tiempo…


Comenzaban a acariciarse de nuevo uno al otro sus respectivos sexos, cuando inesperadamente sonó el móvil de Gabi, es  mi mujer, debo cogerlo y contesto que estaba aun con los clientes y que iría para casa lo antes que pudiera…


Cris se levantó, y él le preguntó dónde iba, aunque adivinó que se había roto el hechizo del momento… Ella dijo que quería ducharse y él se vistió mientras tanto, cuando ella salió del baño con su albornoz, se despidieron, no hubo preguntas, no hizo ninguna falta que hablaran, sus miradas eran ya lo suficientemente elocuentes, hablaron sin hablar y se entendieron.


El se despidió hasta el lunes y ella le besó de nuevo, el se volvió desde el ascensor e hizo un ademán de hasta luego.


Ambos sabían muy bien que aquello que había sucedido tenía los días contados, el era un buen tipo amante de su esposa y de sus hijos, ella una solitaria alejada del disfrute de un marido al que apenas había visto desde el momento en que se casaron. Por eso disfrutaron el momento, sabían que era entonces o nunca y no lo pensaron dos veces, tomaron lo que quisieron sin pensar demasiado en lo que pasaría luego.


Ella se quedó leyendo, pensaba en sus besos, evocaba los momentos más placenteros, cerraba sus ojos y  era capaz de sentir el calor de aquellos labios por su cuerpo, la memoria de su piel era suficiente para eso… El conducía su coche hacia casa y aunque no podía cerrar los ojos veía en el asfalto aquel cuerpo en el que se había perdido hacía solo unos minutos, y ya se imaginaba a sí mismo volviendo a hacerlo.


No quisieron ninguno de los dos, al menos en esos primeros momentos pensar en que pasaría mañana sábado, el domingo, el lunes cuando volvieran al trabajo y volvieran a verse de nuevo.


Lo único que deseaban era estar juntos de nuevo…


Y ambos se pensaron, se recorrieron, se besaron, se tocaron, hicieron el amor de nuevo, una y otra vez en sus pensamientos, sin parar, queriendo hacerlo, haciendo que el instante perdurase en el tiempo, en el recuerdo por vivirlo de nuevo.


Tan sólo tenían sus cuentas de twitter en común y estuvieron comunicados todo el tiempo, los MD se sucedieron uno tras otro, sin parar, bastante subidos de tono por cierto, alimentando caricias en solitario por tiempos, ambos súbitamente compenetrados como si hiciera años que se conocieran.


Ella no pudo leer, ni el concentrarse en sus hijos demasiado tiempo, tenían la necesidad imperiosa y firme de hacerse saber mutuamente lo que sentían en cada momento, y eso les procuraba una sonrisa cómplice y muchos buenos momentos, haciendo que el tiempo pasara mas deprisa por momentos. Trasnocharon, madrugaron, se movieron al unísono conectados todo el tiempo, regalándose caricias, alimentando el deseo…