miércoles, 26 de febrero de 2014

GABI Y CRIS - III Parte






Ahora cuando se encontraban por las mañanas en la máquina del café las miradas habían cambiado, ya no eran aquellas tímidas de los primeros reencuentros, se habían tornado brillantes e intensas. En esos pocos minutos intentaban adivinar el deseo mutuo que podían traslucir de forma inmediata por ambas partes, las alusiones indirectas e intencionadas  sobre los temas que suscitaban sus DM les hacían sonreír, a veces hasta la carcajada, eran pocos los minutos y mucho lo que se transmitían con el leve roce de sus manos que erizaba la piel de ambos, pero lamentablemente debían abandonar hacia sus respectivas rutas y pocas oportunidades más, excepto la reunión que esa semana se había prefijado el jueves por la tarde a última hora para que ambos pudieran aprovechar la jornada laboral al máximo.

Desde el lunes hasta el jueves siguieron permanentemente comunicados vía DM, obviamente él aprovechaba la noche, extraño mundo de tuiteros insomnes, como otros muchos, porque era cuando todos dormían en casa, y ella le esperaba para hablar y poder bromear un rato sobre lo que el día les había deparado, siempre subyaciendo ese deseo carnal en cada una de las palabras escritas, siempre esperando de el otro suscitar la escena en la que dar rienda suelta a sus ganas de estar juntos, de tocarse no sólo con las palabras, de acariciar algo mas que un teclado…

Sin darse cuenta en muchas de las ocasiones terminaban enzarzados en la expresión de sus sentidos, y sus manos cual las del otro acariciaban y promovían el sexo que ya no sólo quedaba en palabras sino en sensaciones, tan reales donde se dejaban ir hasta el último instante para acabar en un orgasmo, no ya meramente literario sino físico.

La comunicación verbal era a veces infame, el hecho de tener que abandonar la escena para recurrir al teclado siempre les dejaba unos segundos de desconexión y de reafirmación a la vez para seguir adelante, su relación sin embargo se iba conformando como algo no ya sólo físico, la cómplice forma de complacerse mutuamente surgía de una manera totalmente natural, tan sólo esas pausas leves para tomar el teclado les concienciaba de que no estaban del todo en la realidad, aunque eso ya bien poco importaba tal y donde habían llegado.

Lejos de alejar el morbo de su encuentro del jueves, todas esas conversaciones furtivas, lo había acrecentado, en tal modo que ya no bastaba con el leve roce de sus manos en la máquina del café, todo se había intensificado, sus manos se escapaban bajo la falda, la camisa buscando piel a gritos, urgentemente a ratos, aunque sólo fuera unos segundos, por temor a ser vistos.

En alguna ocasión tuvieron que resarcir un minuto de deseo en el cuarto de baño, ambos se acariciaban hasta humedecer su ropa, tal era el grado de deseo que tocarse de forma real y en directo era ya una prioridad urgente que se les escapaba de las manos.

Por eso cuando el jueves se encontraron en aquella cafetería para mantener su reunión, que perdieran los estribos estaba prácticamente asegurado.


Atropelladamente intentaban terminar lo más rápidamente posible las cuestiones de trabajo, pero las miradas les delataban, el brillo intenso de sus pupilas, sus manos se entrelazaban, casi sin darse cuenta, sus labios se secaban y en minutos consiguieron avanzar hasta terminar la cuestión laboral rápido, entonces sus labios se tocaron, ella acaricio con su lengua el labio inferior de Gabi, el cerró los ojos y volvió a abrirlos mostrando aquella maliciosa sonrisa que el ponía, y que ella sabía perfectamente era el preludio de una tórrida escena de sexo, no podían esperar mas…

Él  la acariciaba por debajo de la mesa, ella que todo había planeado para provocar su máxima excitación se había puesto un liguero, no llevaba bragas, su sujetador balconet negro bajo su blusa blanca dibujaba sus pezones casi como si fuera transparente, el no pudo controlar acariciar sus muslos por debajo de la mesa y ella recogió todos los documentos apresuradamente para salir rápidamente de aquella cafetería antes de tener allí mismo y en público el primer orgasmo de la tarde…

Iban a entrar en el coche pero en el parking a oscuras de aquella cafetería de carretería no había nadie ella le agarro por la solapa le besó introduciendo su lengua para mostrar su inminente deseo y subió su pierna hasta la cintura... El agarró su mano y tiró presuroso hasta llevarla a la parte de atrás del coche donde pensó sería más difícil que alguien les viera… Ella desabrochó su cinturón, tus pantalones y bajo su slip, apoyando su trasero en el capó acarició su miembro y lo colocó en la entrada de su vagina, desabrochó dos botones de su camisa y le ofreció sus pecho, el introdujo su miembro mientras chupaba y succionaba, mordía sus pezones… Ella le pidió que lo hiciera muy fuerte, quería poseerle ya, rápido y duro, que pidió que no tuviera miedo a hacerla daño, porque le deseaba tanto que quería notar toda la fuerza de ese deseo, necesitaba todo ya sin esperar ni un segundo…

El no tardo tras pocos empujes tan fuertes en eyacular, llevaba días deseándolo tanto, ella no pudo evitar gritar y ambos disfrutaron de ese momento, pudiendo así en sólo unos minutos aplacar la inmensa intensidad del deseo que les había ido consumiendo…

Mirando a su alrededor  como aterrizando desde otro planeta de sopetón fueron conscientes de que  alguien podría haberles visto, les preocupaba que en algún momento pudiera ser un conocido y se vistieron precipitadamente entrando en coche, pero sin poder evitar las risas que, de nuevo se convirtieron en carcajadas… El condujo hasta su casa a tan solo unos minutos de la cafetería donde habían quedado de forma premeditada.

Mientras conducía llevaba aun esa sonrisa tonta que siempre adornaba su cara tras el sexo con Cris, y que milagrosamente permanecía impertérrita cada vez que evocaba ese recuerdo, y lo hacía a menudo voluntaria e involuntariamente… Ella no podía dejar de mirarle, acariciaba sus manos, su pelo, su barbilla, su pecho, sus piernas su entrepierna, mientras él le echaba esa mirada entre intimidatoria y socarrona, cerrando levemente sus párpados en aprobación finalmente.


Aparcaron el coche y Gabi, formal, intentó despedirse pero ella agarró su corbata y tiró levemente para acercar su rostro y besarle con toda la lascivia de la que fue capaz y susurrarle con su irresistible voz la frase que él esperaba: “Ni sueñes que te vas a marchar ahora… Quiero mas, mucho mas”, y se giro mientras tiraba con cuidado de nuevo de su corbata para que él se viera obligado a seguirla, entraron en el ascensor… De nuevo se miraron intensamente y ella se apoyo contra la pared mientras el levantando su falda apretaba sus pechos y los pellizcaba, ella gemía el se inclinó para lamer su pubis mientras una de sus manos bajó para acariciar la entrada de su ahora húmedo sexo, abrió los labios con sus dedos y chupó su clítoris rodeándolo sensualmente con su lengua, ella volvió a gemir, soltando un suspiro, el ascensor paró y ambos se recolocaron rápidamente de esa forma tan cómica, no fuera a haber alguien, y rieron al ver abrirse las puertas y comprobar que no  había nadie…

Cris abrió la puerta del apartamento con Gabi pegado a su espalda, lamiendo su cuello y acariciando la parte interna de sus muslos casi no era capaz de introducir la llave en la cerradura, estaba tan excitada…

Durante las dos horas siguientes aquel apartamento se mantuvo a la espera de que ellos dos dejarán de utilizar cuanto encontraron a su paso para repetir escenas tórridas, desde el sofá a la alfombra, las paredes, las mesas, pasando por la cocina, el baño y tras una ducha rápida, por supuesto la cama…


Mantuvieron una de esas luchas sin cuartel, donde no hay vencedores ni vencidos, esa guerra donde todos ganan y el reloj pierde la noción del tiempo, esa lucha donde todo acaba empapado de placer sin medida…

Una vez más sonaba el móvil de Gabi, el se negaba a cogerlo, pero ella se lo puso en la oreja e hizo que contestara la llamada, permaneció tendida en la cama hasta que él terminó de hablar…

Entonces Gabi intentó hablar, pero el dedo de ella en los labios le indicó que sería mejor callar, finalmente ella dijo aquellas palabras que él no quería oír:


“Tenemos que hablar de esto, no crees?”

...