domingo, 23 de marzo de 2014

EL CIEGO - 8º Confirmación de la sospecha de Irene




Irene decidió finalmente hacer todo el camino sin utilizar transportes, simplemente caminando. Llegando a la zona de copas aledaña a la Plaza de España, miró hacia las mesas de las terrazas, casi instintivamente, por ser este un lugar frecuentado por su marido y próximo al club de Jazz en el que habitualmente tocaba. Notó un escalofrío y sus ojos se pararon en aquella pareja que se besaba apasionadamente, sin importarles nada lo que la gente pudiera pensar, iba a abandonar la visión cuando algo llamó de nuevo su atención… En el suelo estaba la funda del saxo de su pareja, tan conocida para ella por los stickers que llevaba y que a él tanto le gustaban, recuperó entonces la escena de los besos y casi en shock, comprobó que el hombre que besaba apasionadamente a aquella joven, era efectivamente su pareja…

Tuvo que respirar hondo y controlar sus impulsos, que la movían a  acercarse y plantarle una bofetada, no tuvo que hacer un gran esfuerzo, algo por lo que se sorprendió también, decidió entrar en una cafetería cercana y observarles desde una de las vidrieras, mientras se pedía una cerveza…

Pensó que podía hacer en esa situación tan nueva y que la tenía inquieta, planteó mentalmente las posibles formas de actuar y sopesó fríamente las diferentes consecuencias, dudaba y pretendía racionalizar al máximo su estado emocional, pero una vez más la calma se apoderó de ella, mujer inteligente donde las hubiera, controló las pocas emociones que ya le quedaban hacia aquel tipo, que se había marchado de casa hacía tres días, y apenas le había llamado una vez al móvil para poner una excusa…

Después de todo hacía ya muchos meses que su vida en pareja había comenzado a ser monótona, y el sexo apenas hacía acto de presencia, que paradoja un acto sin acto, se dijo para sus adentros y sonrió ella sola, pensando que si cualquiera la estuviera observando, sin duda la tildaría de loca.

Permaneció observando los arrumacos que la pareja se profesaba, las manos debajo de la mesa intentando llegar a sus puntos más sensuales, ella miraba, casi como si aquella escena no tuviera nada que ver con su vida, como si de la espectadora de una película se tratara, y decidió sacar su móvil y hacer algunas fotos de la situación, fría y calculadora fotografió cuanto ocurría y tomó notas, de lo que tomaban, el nombre de la cafetería, la hora, para que nada se le pasara, por si su memoria fuera incapaz de procesar toda esa información nueva, que inundaba su cerebro y que parecía querer retener sin éxito.

Pasó más de una hora en aquella ventana, pidió una segunda cerveza y por ultimo un café, la cerveza le embotaba los sentidos y ella precisaba mantener la lucidez, pero sobre todo calma.


La pareja se levantó pausadamente, recogieron sus cosas tranquilos como si nada en el mundo les fuese a disturbar, aquella mirada incesantemente intensa, y aquellas ganas contenidamente frustradas de acariciarse todo el tiempo, tan sólo cesaron unos segundos, para pagar la cuenta al camarero que les sonrío. Irene había hablado tantas veces con ese camarero, se conocían desde hacía tiempo, pero aquella sonrisa cómplice tampoco hirió en lo más mínimo sus sentimientos.

Abandonaron el café y subieron las escaleras del jardín hacia el club, apenas tuvo que cambiar de ventanal, para seguir observándoles, sin salir siquiera de la de la cafetería, sabía que no podría aproximarse a la puerta del club, porque allí, todos la conocían, y a esas alturas de la película lo único que ya le importaba, era el anonimato esa tarde. Hizo las fotos de la entrada en el club de la pareja y comenzó a recoger sus cosas, pagó su cuenta y salió para continuar su camino a casa como si nada hubiera ocurrido. Aquella sensación de pesadumbre por no saber lo que encerraba aquella prolongada ausencia, desapareció como si de repente alguien hubiera retirado una losa de su pecho, respiró hondo, caminó hacia adelante con paso firme, contemplando el anochecer en esas calles del casco antiguo de Madrid, donde los rojos se funden con los negros y los edificios  brillan u oscurecen según la luz se refleje en ellos, todo le pareció nuevo, como si sus ojos los vieran por primera vez, aliviada del gran peso, sin preocupaciones que turbaran la vista, con la tranquilidad de saberse sola, pero libre de nuevo.

No utilizó el ascensor para subir el único piso, y cuando cerró la puerta tras de sí, se sentó en el sofá, dejándose caer como un fardo, estaba cansada había recorrido una distancia a la que no estaba acostumbrada y sin embargo no notaba en sus pies el menor cansancio, curiosamente el agotamiento era puramente psíquico, mientras observaba al vacío, su cabeza no había dejado de dar vueltas de manera inconsciente a las imágenes que había presenciado, que pasaron de nuevo a toda velocidad, esta vez, como proyectadas en las fachadas de sus queridos edificios.

Decidió prepararse y un té, y tomó asiento de nuevo, quitándose los zapatos subió sus piernas al sofá y se acurrucó para intentar cerrar los ojos un rato, cuando recordó súbitamente todo el trabajo que Pablo le había dictado en los últimos días y aun no había transcrito y abrió su portátil para comenzar a escribir… Permaneció escribiendo durante largo rato, perdió la noción del tiempo, y cuando quiso darse cuenta había terminado, no quiso mirar el reloj, no le importó la hora que fuese, cuando transcribía casi inconscientemente todo aquello que pasaba a su teclado, perdía la noción de historia convirtiéndose en palabras, su rapidez mecanografiando le impedía prestar la suficiente atención al relato.

Por eso una vez terminado y al pasar el corrector de manera siempre manual, puntuando a la vez el texto despuntuado hasta entonces, todo tomaba forma y el sentido de la historia volvía a tomar de nuevo su consciencia, leía al fin.


Cuando comenzaba a leer ese primer relato, notó una presión próxima a su ombligo y dándose cuenta de que no se había desvestido, desabrochó el botón de la bragueta de su pantalón vaquero ajustado, continuo leyendo enfrascada en la historia y notó un calor que le hizo sentirse incómoda, apenas sujetando el portátil a una mano, consiguió zafarse de la camisa desabrochado por completo la botonadura.

Parecía que el calor se iba haciendo más denso a medida que se avanzaba en la acción del texto, su mano acariciaba de una manera casi inconsciente  y muy suavemente su canalillo, pero poco a poco se iba adentrando en su sujetador, posándose sobre su pezón, seguía leyendo casi sin aliento, hasta al rozarlo suspiró, sin duda alguna aquella narración la estaba llevando a un momento más intimo del esperado, sabía que no había escapatoria y sucumbió a las auto caricias sin ningún esfuerzo, mientras seguía devorando con sus ojos lo que Pablo le había contado sin el mas mínimo estupor, acarició el interior de su muslos, para lo que tuvo que dejar el portátil en el asiento de al lado, no por eso apartó la mirada del relato hasta que sus manos acariciaron su pubis, no pudo seguir leyendo, a partir de ahí los minutos siguientes le produjeron tan enorme placer que mejor obviar el resto, llegó al éxtasis hasta cuatro veces, mas de lo que nunca hubiera imaginado, mucho mas lejos de lo que nunca hubiera llegado con ninguno de sus amantes.

Cuando al fin fue capaz de abrir los ojos contempló la pantalla de su portátil apagada en modo reposo,  de nuevo recuperaba la visión de la estancia, el sofá permanecía en el mismo sitio aunque segundos antes le habría parecido que estuviera flotando, dirigió su dedo corazón al teclado y recuperó el texto, debería haber continuado leyendo pero sintió un apetito voraz recordó que no había tomado nada mas que esas cervezas y el café desde la hora del desayuno…

Preparó una ensalada frugal, un poco de queso, tampoco había mucho más donde elegir en su nevera, llevaba días sin ir al mercado, lo puso en una bandeja y se dirigió al sofá para continuar leyendo.

Cerró el portátil porque pensó, sonrisa en ristre que si seguía leyendo no podría continuar con su cena, y necesitaba un descanso.

Cuando terminó de cenar permaneció  sumida en sus pensamientos, contemplando de manera reflexiva la pantalla del televisor apagada, y siguió así largo rato.

Repentinamente se levantó del sofá como guiada por un resorte invisible cual marioneta de hilos, y se dirigió al dormitorio, sacó del armario el neceser de su pareja y se encaminó al baño, abrió el armario de cajones bajo el lavabo y fue guardando todas las cosas de él, cuidadosamente en el neceser. Escudriñó cada rincón para no dejar nada olvidado. Una vez hubo terminado se dirigió de nuevo al armario.

Con una calma inusitada sacó las dos maletas que alojaba el maletero y las colocó sobre la cama, una era tamaño familiar, la otra una de esas pequeñas que normalmente te permiten no facturar.


Fue descolgando de las perchas toda la ropa de él, y doblándola meticulosamente, apilándola sobre la cama, abrió los cajones y recuperó toda la ropa interior igualmente doblándola y dejando todo listo para guardar. Recuperó una antigua bolsa de viaje del fondo del armario y fue sacando los pocos pares de zapatos que él tenía y guardándolos en la bolsa.

Colocó toda la ropa en la maleta grande de la misma forma que solía hacerlo, con extremo mimo cada vez que él había salido de viaje.  Guardó la maleta pequeña de nuevo en el maletero del armario, y se encaminó con todo empacado al recibidor de casa donde aparcó los bultos al lado de la pared para que no molestaran.

No era la primera vez que su vida se rompía en pedazos, así es que esta vez al menos decidió tomarse las cosas con la calma que no pudo la primera.

Entonces cogió el ordenador y se lo llevó a la cama, para hacer sueño siguió con la corrección del segundo relato, y después el tercero, había decidido no dejar trabajo atrasado. Naturalmente disfrutó de cada uno de ellos, y pensó que finalmente estar sola de nuevo podría ser más divertido de lo que en principio habría sospechado…

Esperaría a que su pareja la llamara y sin ningún tipo de discusión le pediría que recogiera sus cosas y abandonara la casa de inmediato, al fin y al cabo la casa era suya.  Lo único que ya ansiaba era recuperar la calma y la soledad que en ese momento estaba deseando…