viernes, 30 de mayo de 2014

Regalo de Cumpleaños atrasado para GFP, sabrás disculparme por eso?






Si en algún momento de mi vida, alguien hubiera mencionado que algún día escribiría un relato por la razón que hoy lo hago, simplemente me habría reído en sus narices, sin más, o quizás habría incluso esgrimido que algún brote de locura tendría que haberse producido, para hiciera semejante cosa, pero aquí estoy, a mis años, contando un cuento a alguien que tampoco está en edad de que le sean contados.

En una humilde ciudad del este español, conocida en el reino por su hermoso Castillo, habitaba un rey que deambulaba por las almenas cabizbajo y cariacontecido, su reina hacía tiempo que no le prestaba atención, pues andaba involucrada en labores de intendencia debido a su gran preparación y por  extraordinaria valía en las cuestiones de rentas, se preocupaba tanto de su reino que con su amante esposo apenas le quedaban fuerzas para poder compartir unas palabras al final del día… Sus hijos tampoco es que le prestarán atención, a pesar de que sufrieron su ausencia durante la época de las grandes batallas, al recuperarlo en tiempos de paz valoraron el poder disfrutar, de alguna manera, lo que antes habían sufrido en ausencias, pero su edad les llevaba mas fuera de casa que dentro y por ello tampoco fueron gran compañía para el regente.

Fue entonces cuando descubrió el arte de la cetrería. Gran aficionado a la caza desde sus tiempos mozos, había participado en no pocas ocasiones en cacerías de piezas grandes y pequeñas, conocía bien el acoso, y las características específicas de cada una de las especies, para cobrar sus piezas a pesar de mil entuertos. Pero aquel pájaro azul le mostró que era mucho más sencillo utilizar estas aves para obtener mayor número de piezas y poder así convertirse en el gran cazador que siempre había ambicionado ser.

Viajaba el Rey a sus anchas por doquier, regiones adyacentes a sus tierras del Castillo, cuando atendiendo a eventos descubrió que en las tabernas y mestas del camino se libraban otras batallas en las no era hasta el momento, lo suficientemente ducho, así es que gran investigador en las tareas que le interesaban, se dio casi sin pensarlo al entrenamiento en alcobas de las mozas más bellas de todos los andurriales y pueblos cercanos.

Cada vez se hacían mas frecuentes sus ausencias del Castillo y mientras su Reina andaba preocupara por aumentar sus ingresos, el dedicaba a la caza en las haciendas, y posteriormente en las mestas gran parte de su tiempo…

Aumentó sus piezas, gracias a su maestro cetrero y cobrábase asimismo los amores de las mas afamadas mujeres de aquellos lugares que visitaba. Así un buen día descubrió gracias a una de ellas los corrales de comedias, y en ellos a literatos de la época con quien tomaba buen vino escuchando sus historias, que finalmente terminaron por atraparle, al menos de forma comparable a lo que lo hacían las hembras, y la cacería…

Andaba nuestro Rey en estas lides, ocupando la mayor parte de su tiempo cuando llegó a sus oídos que un nuevo escritor de comedias había en lejanas tierras, cuyas historias hacían que la gente viajara largas distancias para verlas.

Y como aficionado que era, anduvo presto a viajar para ver si realmente su fama merecía tanto la pena, poder presenciar alguna de sus comedias, dramas, o cualquiera que fuera lo que escribiera. Viajó lejos de su reino, tanto que agotado pidió dormir en una posada ya casi llegando al lugar, tenía tanta hambre que quiso cenar en la taberna antes de subir a sus aposentos. Bajó  a intentar ocupar una mesa, pero el comedor estaba abarrotado de gente que reía y vociferaba incesantemente, dio una vuelta para encontrar un sitio y entonces le vio…

Aquel caballero con un sombrero enorme le hacía señas con el brazo en alto para que se acercara… Agudizó la vista para intentar averiguar quién era, pero comprobó que además de no conocerle de nada, parecía ser el centro de la reunión y quien llevaba la voz cantante haciendo reír a carcajadas a todos los allí presentes…

Raudo, tomó asiento al lado del caballero que así se lo había solicitado, mientras pedía sus viandas, el caballero siguió hablando, todos le escuchaban, contó la historia de sus andanzas con una mujer casada en tono jocoso, y todo eran carcajadas, estuvo hablando largo rato hasta que finalizo su relato, y entonces todos cerraron con un aplauso, mientras el pedía más jarras de vino… El contador de historias comenzó a interrogarle sobre su procedencia y sus razones para visitar la ciudad, y el Rey encubriendo su verdadera personalidad, le confesó la causa de su visita.

Dialogaron amistosamente durante un largo rato, mientras ambos terminaron cena y bebida, el caballero indicó la retirada a sus aposentos y ambos se dispusieron a abandonar la mesa, el contador de cuentos recogió de la mesa dos jarras de vino y se dirigieron a la escalera de madera… Hablando llegaron al pasillo donde se encontraban sus estancias en la planta superior, una frente a la otra en el mismo pasillo. Y estaban en plena despedida cuando el caballero le invitó a entrar en su aposento para tomar un último trago antes de ir dormir, el Rey  asintió aunque estaba cansado, una copa más no haría mella en su ya denostado estado de embriaguez…

Una vez en la estancia el Caballero quitó su enorme sombrero dejando al aire su media melena de pelo rubio rizado, al fin pudo ver claramente el rostro que le intrigó sobremanera.


Sentaronsé en la cama pues no había otro lugar donde hacerlo, y bebiendo de sus jarras, el Rey accidentalmente vertió el vino sobre su acompañante, éste sin rubor alguno comenzó a desabrochar su casaca para zafarse de la mancha cuanto antes, quedando tan sólo con su camisa blanca ante el Rey, este se ruborizaba de nuevo pues le pareció advertir dos pechos bajo la camisa blanca de enorme vuelo…. El caballero prosiguió deshaciéndose de algunas de sus prendas hasta quedar tan solo con la camisa puesta, y tomó de nuevo asiento a su lado…

El rey visiblemente turbado no pudo por menos que preguntar si  cabría la posibilidad de que en vez de un caballero, su acompañante pudiera ser una dama de hombre disfrazada, pero se encontró con la mofa de su contertulio y la elocuencia de su verbo para demostrar lo contrario…

Siguieron charlando y riendo durante largo tiempo, finalmente el vino comenzó a hacer mella en ellos, el caballero ayudó al rey que se quejaba de dolores en sus pies, a quitar sus calzas, y él mismo se despojó de la casaca, el calor del vino encendía ya sus mentes, y en las conversaciones hizo acto de aparición, como en toda borrachera que se precie, el fragor de la batalla en las alcobas de las mozas, fue entonces, cuando en una enorme carcajada la blusa del caballero mostró uno de sus pechos a través de la abertura que la camisa tenía hasta casi su ombligo… El rey quedó paralizado ante semejante visión, y casi como un acto reflejo fue a acariciar el fruto de su ardor, sin rozarle la piel el caballero quedó sumido en un silencio absoluto, incluso el rey creyó escuchar un leve suspiro, pero retuvo su mano volviendo atrás el camino andado y recuperando la cordura un segundo… Ambos se miraron a los ojos y el rey no pudo evitar acariciar el muslo del caballero por su parte interior y en sentido ascendente, se hizo un silencio sepulcral y donde todo habían sido risas, el calor de las pieles y en plena subida del alcohol hizo que se encontraran a sí mismos acariciando sus cuerpos aun bajo las camisas.

En la mente del Rey la estampa de caballero aun le paralizaba mentalmente, cuando su acompañante comenzó a despojarle de su camisa y arrodillándose ante la cama, acarició su pene hasta conseguir una considerable erección, fue cuando sin dilación la introdujo en su boca para realizar una felación que dejó al Rey sin aliento, mientras observaba a éste, hace unos minutos caballero, chupar y succionar su glande hasta hacerle eyacular de placer dentro de su boca, -gritó el Rey… ¡Joder! ¡Mira que sois bueno!-... Echó su cuerpo hacia atrás quedando tumbado en la cama…

Entonces el caballero se acostó a su lado y permaneció en silencio hasta que su pobre Rey recuperase el aliento…

Fueron muchos los minutos que permaneció en silencio, aun intentando asimilar lo acaecido en su encuentro, cuando el caballero se levantó, pues tenía sed, a beber de una jarra que había a tal efecto… Estaba saciando su sed, cuando una gota de la jarra resbaló por la comisura de su labio hasta la barbilla, y de allí siguió cayendo hasta su pecho izquierdo, la gota quedó parada en su pezón,  el Rey se incorporó para contemplar semejante paisaje, al contraluz de la ventana la gota brillaba en el pezón, su garganta se secó como si estuvieran en medio de un desierto y se aproximó acariciándolo suavemente, mientras lo introducía en sus labios para saciar su sed con esa brillante gota, lamió con cuidado la gota del seno, mientras una mano acariciaba el otro pecho, el succionaba ávidamente el primero y su otra mano acariciaba entre las piernas del caballero, tal era la lascivia que provocaba su lengua que pronto notó la humedad en la mano, y quiso saciar su sed de nuevo, bajó y abrió suavemente los labios del caballero acariciando con su lengua el botón que activó el deseo, gemía el caballero y mas se excitaba el Rey poniendo mayor empeño en producir mas y mas placer al caballero, hasta que llegando al éxtasis gritaba el uno, mientras el otro no sólo no paraba sino que siguió una y otra vez, sin reparar en el sueño hasta que ambos cayeron rendidos ya sin fuerza en los cuerpos.

Durmieron, si poco rato, pero intenso sueño…



El caballero despertaba con la primera luz del amanecer, y vistiose presuroso, salió de la habitación sigilosamente, tan en silencio que el rey no fue consciente de su ausencia hasta la que uno de sus criados vino a despertarle.

Al ver que en la habitación ya no estaba el caballero preguntó por él, pero le respondieron que había salido hacía horas ya camino Toledo.

Reiniciaron el viaje y finalmente a la función teatral acudieron, estaban ya los aplausos el último acto  culminando cuando los actores sacaron al autor de la obra para que saludase con ellos al público y recibiese a su vez el merecido aplauso, cuando el Rey palideció al ver salir al escenario al Caballero, aquel con quien había pasado la noche, era vitoreado por actores y público, era el autor del que había oído hablar largamente, ese era su Caballero.

Ni que decir tiene que aunque potestad tuviera como Rey para desfacer el entuerto, ni se le ocurrió por un momento desvelar aquel secreto, pensó más bien que seguro le vendría mejor y quizás prodigaría algún otro encuentro.

Grande crecía la fama del Caballero y el Rey seguía anhelando verlo de nuevo pero las tierras donde siempre iba les alejaban más y más del encuentro. Y aunque el rey no pudo olvidar nunca aquella noche, tampoco lo deseaba, se regocijaba en el encuentro en sus momentos de asueto, volvía a revivir segundo a segundo la noche con el Caballero.

Lamentablemente la historia no continuó, pero al Rey, aquella noche, le cambió por completo, a partir de entonces y de por vida, siempre que recordaba al Caballero, lucía una preciosa sonrisa que se convirtió en uno de sus mayores encantos, con ella conquistó de nuevo a las gentes de su reino, a otros reyes vecinos, a su familia al completo, incluso la Reina disfrutó en algún momento de un nuevo Rey después de aquel encuentro.

Dicen que nunca hubo una sonrisa como la de aquel Rey, y no era menos la del Caballero que escribió de intrigas nuevas, y tragicomedias con la chispa añadida por todo lo vivido aquella noche con el Rey.
A veces sólo un encuentro bien vale una vida.

….Y los años pasaron, y el Rey sonrió siempre


Y colorín colorado este cuento se ha acabado

viernes, 2 de mayo de 2014

Encadenando el tiempo




No,
que yo no hablo de amor,
que no creo en esa palabreja,
que hablo de AMISTAD en mayúsculas
de esas que nos hacen cómplices,
que nos hacen desnudar el alma...
Donde la palabra es sentimiento
y el sentimiento es confianza...
Donde no hay dolor porque todo se habla,
y todo se habla sencillamente porque surge.
Allí donde el tiempo se para, 

solo quedan dos músculos 
que laten al unísono,
y ya no existen los móviles, 

ni las ventanas,
ni la calle, 

nuestras vidas quedan aparcadas.
Solo contigo es posible ese silencio absoluto,
donde las pupilas son  léxico,
las manos la palabra,
el cariño se hace suspiro,
y música circula  nuestras venas,
coreografiando  sueños,
hilvanando recuerdos 

que crean un nuevo estampado 
sobre caricias tejidas en silencio,
encadenando el tiempo