jueves, 12 de junio de 2014

Desnudos tras tu mirada



Y desnudos tras tu mirada, sintiendo de nuevo ese momento...

Recuerdo mis palabras como si las hubiera dicho ayer mismo, ambos acabábamos de hacer el amor como dos locos durante horas, y con esa intensa mirada fija en mis pupilas y presumiendo de mis dotes perceptivas te prometí que algún día sería capaz de escribir sobre lo que encerraba tu mirada, que me sería posible adivinar con aproximada precisión lo que pensabas en ese segundo, cada uno de los pensamientos que pasaban por tu cabeza en ese instante eran rápidamente leídos por mi cerebro, como si estuviera copiando de tu disco duro en mi memoria USB, tan sencillo como eso, tal era el grado de conexión a través de nuestras pupilas…

Había oído decir tantas veces que los ojos son el espejo del alma, que transfieren directamente lo más profundo que nuestro corazón siente, pero pocas veces en mi vida, se había dado esa extraña sensación, alguna vez ciertamente, pero hacía tanto tiempo, que ya casi me había olvidado por completo de ese momento en el que sientes un tremendo vértigo, contemplando que has llegado a lo más profundo de esa persona que tienes enfrente, tanto que hasta podrías haber conectado incluso con tus ancestros, es un viaje a la velocidad de la luz hasta el principio del Universo, con ese tremendo bigban flujo de luz y explosiones sucesivas, desde el que sabes que te has tropezado con ese igual, al que nunca buscaste pero que el destino te ofreció como pequeña compensación por las múltiples putadas con las que te había castigado durante tantos años…

Ahí estábamos ambos, exhaustos después de mil posturas del muestrario más variopinto sobre sexo, del ensayo sobre la ceguera mas enriquecedor que hubiera podido imaginar,  de mil sensaciones nuevas creadas por dos imaginaciones sin reposo con ganas de explorar la naturaleza del sistema nervioso y experimentar sus múltiples sensaciones placenteras… Cansados cuerpos y mentes, tu acostado boca arriba, yo desmadejada entrelazando mis pequeñas piernas entre las tuyas tan largas, mi cabeza reposando en tu pecho mientras escuchaba tus latidos, inmóviles casi, de no ser por esas incesantemente constantes caricias en mi pelo, a mi espalda, en mi brazo, fue en ese instante, cuando complacida y a punto casi de quedarme dormida, elevé mi mirada para inmortalizarte, o al menos intentarlo y nuestros ojos se cruzaron permaneciendo durante unos segundos inmóviles, nuestras pupilas se clavaron sin piedad y creí poder ver todo lo que estabas pensando, todo eso que eres incapaz de decirme, y que aunque pudieras no lo harías porque los tíos sois demasiado tíos para decir cosas como las que podrías decir en ese instante, pero pude ver tus pensamientos tan claramente que me asusté, debo confesarlo, porque jamás pensé poder producir semejantes sensaciones en un hombre, ni poder adivinar su forma de sentir tan limpiamente como en aquel segundo…

Tus ojos marrón verdoso son grandes y profundos, su mirada es limpia y tranquila, me produce una enorme calma, hace que me relaje o me excite según tú la cambias,  a veces se ilumina de colores alegres y otras sin embargo es una interrogación preocupada, pero lo que me transmitió en ese momento fue un monólogo sensible y tierno de una entrega y sumisión absoluta, un deseo que se extendía en el tiempo, mirabas mi piel como si de un mapa geográfico se tratase, intentando concentrarte en cada milímetro y cerrando los ojos en cada caricia,  para recordar cada pliegue de mi geografía, en una especie de oración, rogándote a ti mismo no olvidar ni un solo detalle, poder conservar todos y cada uno en tu memoria para poder recordarlos y regocijarte cuando yo no esté cerca, para que aun con los ojos cerrados mi imagen sea tan nítida que puedas recorrerla con tus manos de nuevo, en la distancia sin ningún problema… Memorizarme, nunca había sido consciente de ese momento tan intenso sensorialmente, nunca antes me había pasado, ni siquiera cuando esbocé una leve sonrisa para intentar desconcentrarte de tu intenso momento de estudio, relajaste el rostro ni dejaste de estudiarme, como si de un lienzo de El Prado se tratara, seguiste esa ceremonia de acariciar, cerrar los ojos, memorizar, una y otra vez, y yo me quedé muy quieta para facilitarte aquella grabación de datos en tu mente, mía en ese momento…Después de mucho rato, mucho, cerraste los ojos y me besaste suavemente en la frente, con un abrazo apretado y volví a mirarte, nos miramos, esta vez era un ruego lo que tus ojos  reflejaron, parecían decir con ese brillo increíble “no te vayas, por favor, no me dejes solo nunca más, quédate, tal y como estas, no te muevas siquiera, permanezcamos así eternamente…” que en tan sólo un instante cambió para parecer una pregunta “¿Por qué tenemos que alejarnos?”, y de nuevo ese largo silencio, más, muchas más caricias, acariciándonos siempre…

Hay instantes que son imposibles de olvidar, por pequeño que fuera el leve espacio de tiempo que ocupan en nuestras vidas, aunque el período sea infinitesimalmente pequeño en comparación con lo que duran otros muchos,  en mi álbum de recuerdos más felices, quedará de por vida esa mirada, ese segundo infinito, ese instante, y sé que no importará el tiempo, ni la gente que pase, ni el resto de segundos de mi pequeña y discreta colección de felicidades, porque siempre me devolverá  a esas pupilas que me hicieron sentir tan especial, lo más importante del planeta aunque solo fuera ese segundo, y eso siempre se traducirá en una sonrisa, ese momento de paz me recordará siempre,  que una vez me sentí lo más importante de este planeta, ¿te parece poco?, quizás a ti te lo parezca…

No vuelvas a intentar mentirme  con tu mirada, porque ya nunca más lo conseguirás, ella se convirtió en ese momento en una amiga que fielmente me desvela cada una de tus sensaciones, ya no puedes controlarla, me asusta sobremanera porque sé, que a mi vez, la mía, seguramente se ha hecho tuya, y me da tanto miedo ser transparente, no tener nada tras lo que esconderme e ir con el corazón al aire, desnuda de alma, ambas almas expuestas a todo lo que se opone a su encuentro, con toda la falsedad que hay por ahí, y nosotros vaciándonos de sentimientos y regalándonos el uno al otro todo lo que no podemos, lo que no debemos…

Quizás me volví totalmente loca y nada tuvo que ver lo que escribo, con lo que pensabas en ese momento, quizás nunca fue real ese bendito momento, tal vez sólo formó parte de un sueño en tu pecho, pero fue tan real, tanto, que ya da igual si lo fue o no, sigue siendo aquella mirada la que provoca mi sonrisa siempre que la recuerdo, y lo hago a menudo, lo confieso… La sensación que produjo en mi vuelve a reproducirse una y otra vez cuando mi sonrisa evoca su recuerdo, milagros del disco duro, supongo…


Y sí, claro que me gustaría saber si estuve en lo cierto, o si por el contrario flipé como es mi costumbre normalmente cuando voy pasada de sentimientos, pero no te lo puedo preguntar porque aun no sé si todo esto fue sólo eso, un sueño…





Música: 1. Claude Debussy: Valse Romantique L71 y  2. Beau Soir