jueves, 29 de enero de 2015

Entre silencios







¿De qué me sirve volverme loca?
¿Para qué desesperar de ausencia?
Si a nadie le importa…
Mejor intentar pensar hacia adentro,
dejar que se pose lentamente en el suelo,
como esas microscópicas partículas de polvo que flotan en el aire,
concediéndonos el tiempo necesario  y así poder hacernos a la idea,
de caminar sobre ella sin quemarnos las plantas de los pies,
sin que ese calor nos escale por todo el cuerpo
y nos inunde la pena,
¿quién pudiera, amor, volver a ser poema?
tu y yo

Sigo necesitando la poesía de tus manos,
escuchar la agitación de tu respiración,
el rozar de tu piel,
tu aliento vivo ardiendo deseo,
notar ese brillo en tus ojos…
Y yo…
Tenerte entre mis manos,
esas que encienden tu cuerpo,
que lo extinguen en llamas voraces de horas,
y horas de encuentro.

Devorar los segundos con fuego,
quemarnos en la pila funeraria
que nos devuelve el sentido de la vida,
ese que perdemos,
que hemos perdido,
y cuyo reflejo aun nos llama desde lejos,
traspasando la piel entre silencios.




Carla Duque 30/01/2015

viernes, 9 de enero de 2015

#CharlieHebdo






Dedicado a 

los periodistas y dibujantes 

asesinados por la barbarie ciega


Rompieron sus corazones de grafito, consiguiendo unir en un grito miles de religiones, sin importar más dioses ni profetas. Ellos fueron eternos


Pequeño recuerdo de Carla
dia 10/01/2015

miércoles, 7 de enero de 2015

LLANTO CALLADO




Escucho los ecos de esta noche triste,
el silencio impío que acoge el callado llanto.

Llegar hasta ti, siempre fue fácil
y sin embargo el desconsuelo del vacío,
presiona mi pecho lleno de ti.

¿Cómo es posible tanta soledad si somos dos?
¿Qué nos obliga a alejarnos cuando estamos tocándonos?

En las yemas de mis dedos, tu olvido me grita
y lo siento tan dentro, que romperá
lo poco que queda de ti.

Es por eso que me he quedado en silencio,
por eso que callo, para que ni una brizna más
de lo que fuimos pueda volver a escapar.

Quiero cerrar con llave,
mantener conmigo tu aire,
y respirarlo hasta que me ahogue el alma.

Morir en un adagio,
envuélveme, llévame junto a sus sueños,
aunque ya no seamos uno...

Cerca, o dejaré de respirar,
para ser lágrima

Carla duque
08/01/2015

sábado, 3 de enero de 2015

EL CIEGO - Capítulo X - Las sensaciones de un abrazo





Se apagó la luz en la 413 al paso de la última enfermera que comenzaba el turno de noche, al menos podría dormir durante unas horas, hasta que entrara la siguiente visita a eso de las 4. Pero Pablo era incapaz de conciliar el sueño, abrió levemente el cajón de su mesita de noche y extrajo el libro que ella había leído, intentó recordar el poema sobre la ausencia pero tan sólo vinieron a él unas palabras y el sutil perfume a vainilla que ella había dejado en las páginas del libro, lo olió intensamente y lo colocó bajo la almohada, tardó en quedarse dormido, sólo podía pensar en cómo aquella lectura le había intensificado de alguna manera su interés sobre esa mujer, tan sólo era jueves y se encontraba a sí mismo impaciente porque llegara la hora de volver a escuchar su cálida voz, sintió unas inconfesables ganas de tocarla, saber cómo era físicamente, pero ella no le dejaría claro… Él que siempre se había fiado de su buen ojo con las mujeres, ahora estaba impedido en ese sentido, pero no por eso la atracción dejaba de afectarle esta vez, sin utilizar ese, que había sido su favorito para el primer acercamiento siempre, se hallaba confundido, sin saber qué hacer, como actuar, en cierto modo torpe, algo que para él era totalmente nuevo…

Al día siguiente todo transcurriría más rápidamente de lo normal, pues sus despachos con las llamadas de los consejeros, administradores y secretarias hacían que el tiempo volara y llegara cuanto antes la tarde. Pidió a las enfermeras que le ducharan antes de comer y que un masajista viniera ya que tenía algunas molestias en su piel debido a mantener sus posturas largamente, después llegaría su secretaria personal con múltiples portafirmas repletos de documentos para tal menester.  Normalmente su esposa solía visitarle unos minutos también, pero esa tarde la secretaría excusó su ausencia… Terminando de firmar, llamaba a la puerta Irene, y él la hizo pasar, esta vez aun en presencia de su secretaria que la miró, en primer lugar de arriba abajo escudriñando cada detalle de su modesto vestuario, y en segundo lugar emitiendo un leve suspiro sin dar la menor importancia a su presencia… Él sin embargo estaba deseando terminar las firmas que había aprendido en el transcurso de los meses a efectuar hasta con los ojos cerrados, preguntando si quedaba mucho por firmar, a lo que ella respondió que un par de documentos mas y habrían terminado…

Irene se fue despojando de su abrigo impermeable y del pañuelo que llevaba anudado al cuello, colocó su bolso en el alfeizar de la enorme ventana y contempló la leve lluvia que caía en las coloreadas hojas otoñales de los árboles… Escuchó como la secretaria recogía sus papeles pausadamente, y como él le pedía un café, mientras preguntaba a Irene si le apetecía otro, a lo que ella respondió afirmativamente…

Cuando la secretaria salió del cuarto, ella se quedó mirando a Pablo, esperando sus instrucciones, pero él no reaccionaba… Pablo, cuando quieras podemos comenzar, a lo que él respondió con otra pregunta… -¿Llueve?-

Irene- “Si Pablo, efectivamente llueve…”

Pablo- “¿Mucho?”

Irene- “No, sólo es una llovizna suave…”

Pablo- “¿Tienes hoy mucha prisa Irene?”

Irene- “La misma de siempre, para volver a casa no tengo horario, especialmente desde que no me espera nadie, pero el que me permita mi cansancio, que ya a estas horas se va acumulando… Llevo muchas horas fuera de casa, como sabes”

Pablo- “Es que me gustaría poder tomar el café tranquilamente, sin pensar que podemos, con eso, quitar tiempo a la lectura que también me apetece tanto, pero hoy no he tenido visitas y si es posible me gustaría al menos poder hablar unos minutos contigo sobre nada en particular, no te preocupes, ya sabes del día a día, de lo que has leído o has visto por ahí, ¿me querrás hacer ese favor, al no descontarlo de tu lectura?”

Irene- “Claro Pablo, ya sabes que no mido nuestro tiempo con el reloj precisamente, será un placer también para mi poder tomar unos minutos de descanso, y charlar contigo…”

Y así esperaron al café, mientras ella le contaba las novedades sobre las noticias del día y le ponía un poco en perspectiva la crónica de lo que acaecía… Sonrieron acerca de los comentarios sobre la política, ya que obviamente se encontraban en ese sentido, en extremos opuestos, pero eso no era sino un acicate más que para risas y bromas al respecto… En un momento de la conversación él le preguntó cómo estaba llevando la soledad de nuevo… Ella abierta y cercana se adentró exteriorizando mas de lo habitual sus sentimientos, estaba triste, veía como todo a su alrededor cambiaba sin que ella pudiera hacer nada por controlar situaciones, por primera vez la vida, era consciente de que todo se aceleraba, sus padres tan mayores, su hijo que se alejaba, aquella pareja que le había sido infiel no ya físicamente, que eso quizás es lo que menos le importaba, sino como amigo, al faltar a la verdad ocultando todo como pareja, precisamente entre ellos que se habían jactado de ser una de esas parejas que se suponían abiertas en la comunicación, y especialmente comprensivas para que todo hubiera ocurrido de una forma menos dolorosa y traumática, por conocida desde el comienzo. 

Irene hablaba y sentía que iba a romperse de un momento a otro, quizás sin darse cuenta de que él la conocía tanto, que podía notar su estado de ánimo por su voz, y estaba muy atento a que eso ocurriera de un momento a otro, la voz de ella tembló y el silencio dejó paso a un llanto ahogado… El rozó su mano, la apretó con fuerza transmitiéndole su cercanía, pero ella comenzó a sollozar incontroladamente, con mimo la acercó a la cama suavemente, Irene se sentó en ella y el la abrazó suavemente, ella lloraba desconsolada, y el intentaba paliar su dolor, notó su aroma, tu pelo suave rozándole el cuello acaricio su espalda, su brazo, su pelo, la acurrucó y reconfortó con sus brazos y sus palabras como si de una niña se tratara… Estuvieron mucho rato, los dos en ese abrazo fraternal, pero él seguía notando ese apremio, cada vez mayor por saber cómo era físicamente… Y aprovechando ese momento de acercamiento e intercambio de sensaciones nuevas, esperó a que se calmara… Cuando comenzó reponerse y ella se sintió tan tonta por aquella reacción, comenzaba a alejarse levemente de su pecho, él volvió a tomar su mano y con la confianza que le inspiraba, aprovechó ese momento para pedirle tocar su rostro y así poder hacerse una idea de su aspecto. 



Ella tomó las manos de Pablo entre las suyas y las condujo hacia ambos lados de su cara, y el comenzó por la frente, toco el nacimiento de su pelo, su frente, mientras ella permanecía muy quieta, notando el tacto de aquellas manos suaves, y no pudo evitar pensar en la forma en que habrían acariciado a todas aquellas mujeres de las historias que habían compartido, como ahora tocaban su cara, perfiló su nariz, bajó rozando sus párpados hacia las mejillas y los pómulos, y silueteó el borde de su rostro hasta llevar a su barbilla, desde donde subió de nuevo con sus dedos, en un ascenso lento hacia el borde de sus labios, Irene se ruborizó y el apartó sus manos con un acto reflejo al notar su leve temblor, no quería asustarla, y aunque ella lo sabía, no había podido evitar ese calor, una sensación de escalofrío recorrió toda su espalda… Sin duda era mucho más atractiva de lo que esperaba y a su edad, tenía una piel que podría haber pasado por la de una mujer mucho más joven, intentó hacer un dibujo mental como lo haría, sin duda un ciego, pero él no tenía esa práctica asimilada aun y solo logró esbozar algo que seguramente ni se parecería a la realidad, aun así satisfecho por la licencia que ella le había concedido para poder hacerlo, y encantado de haber notado el tacto de su piel que sin duda era muy especial, sonrió en agradecimiento a su gesto.

Ella bajó del borde de la cama, volviendo a sentarse en su asiento, mientras abría el cajón para coger el libro y continuar con la lectura. Pero él tomó su mano de nuevo, Irene una vez  más sorprendida, no sabía que esperar, él le pidió que sacara el dictáfono que quería contarle una historia para que la escribiera, y así lo hizo Irene…  Puso en marcha la grabadora y tomó el café que ya casi se había enfriado, mientras le escuchaba….

De nuevo la historia era sobre mujeres y relaciones poco usuales para lo que ella estaba acostumbrada a conocer… Los mundos en los que él se movía a nivel de sexo, no tenían nada que ver con lo que ella había conocido hasta entonces, pero la dejaban totalmente pegada a la historia, boquiabierta y menos mal se decía a sí misma, que Pablo no podía verla, porque se habría reído de ella… Mientras el contaba su historia ella siempre buscaba una excusa para salir huyendo, especialmente desde que le había regalado el dictáfono que le daba esa posibilidad, que tanto agradecía… Aunque él hablaba de una manera poco “sexuada” ella que seguía el relato con atención, solía preguntarle datos específicos para poder hacerlo más creíble y había llegado a eso, porque de no haberlo hecho así, no habría soportado el calor que le producía escuchar sin interrupciones aquellas historias tan excitantes, sin abochornarse ante él.  Le tranquilizaba enormemente saber que en la intimidad de su casa tendría la oportunidad de disfrutarlos de hecho, y por momentos perdía la atención cuando la intensidad así se lo requería a ese pudor que no podía controlar.

Cuando hubo finalizado su relato, le pidió leerle el verso sobre la ausencia de nuevo, y ella lo hizo, con una sonrisa, y un comentario con el que ambos, cómplices, rieron…

Como siempre la hora de irse llegaba demasiado rápido para ambos, a los dos se les hacía demasiado corto aquel rato, habrían seguido sin dudarlo, pero él debía dejarla ir, estaba cansada, era tan fácil notarlo a medida que iba avanzando la tarde, que simplemente asumía el hecho.

Se despedían de nuevo, como cada martes y viernes, Irene caminaba a pesar de la lluvia hasta su parada de autobús hoy, y recordaba el tacto de las manos de Pablo, más agradable de lo que hubiera siquiera imaginado. Pablo se quedó también perdido en ese momento en que sus manos llegaron a bordear sus labios, y ella se ruborizó, el pudo sentir ese estremecimiento, no podía dejar de pensar en la suavidad de su tacto.

Esas historias de Pablo que por la noche le hacían revivir el tacto de sus manos, se estaban convirtiendo cada vez en algo más habitual de lo que Irene tenía por costumbre, pero aquella noche estaba especialmente predispuesta para ese momento… Preparó como siempre algo frugal en la cocina que pudiera llevarse al sofá y se colocó una manta encima, el frío aunque no era excesivo comenzaba a notarse en el cuarto… Decidió oír la historia por completo antes de disponerse a transcribirla, pero esta noche, no eran sus manos las que notaba al iniciar sus primeras caricias, era el tacto de Pablo el que notaba en sus piernas, en sus muslos, en sus senos, elevándose y bajando de nuevo, llevándola tan sólo con su voz a ese momento sin retorno del que no podía, no quería volver, y que se prolongaba cada día imperceptiblemente consciente hasta el orgasmo.

Desmoronada dormía al fin después de un día agotador y excesivamente largo, pero tan intenso que no le habría importado que hubiera durado un poco más, especialmente el rato con Pablo.

Él a su vez intentaba recomponer mediante el tacto de aquella suave piel las formas delicadas de las facciones de Irene, y se sorprendió pensando en si sería tan suave en el resto de su cuerpo y tan vivo el calor de su respuesta como el que había presentido en sus labios, casi sin darse cuenta notó una erección, dejándose llevar mientras el onanismo le ganó la partida, y precedió finalmente como antesala del sueño,  una sonrisa que no podía controlar en su almohada, ¡esta niña con esa voz tan sensual!, se riñó orgulloso sin perder la cara de bobo, y quedó prendido en el sueño…

Innegable continuar durante sus sueños con el olor y la sensación de Irene en las yemas de sus dedos, también ella por su lado, al escuchar su voz en la grabación y seguramente coincidiendo mas o menos a las mismas horas, de dejaba llevar por la sensualidad de sus historias, que cada vez la conducían más rápido y seguro al clímax en esos deseos contados…

Bromas del destino, sexo inducido por sus mentes, aunque desconocido por ambas partes, sin embargo presentido y consentido, conectado de manera inusual.

Casi estaba a punto de quedarse dormida en el sofá, cuando sonó su móvil, un número que no tenía registrado, no solía contestar números desconocidos, así es que mientras transcribía ya con tranquilidad la historia, volvió a sonar… El mismo número, decidió, un tanto asustada por lo tarde que era, responder la llamada… Era la esposa de Pablo había pedido su teléfono hace meses cuando comenzó a leer para Pablo, pero nunca antes la había llamado. Le contó que seguramente en una semana o dos se llevaría a cabo la operación de la que habían hablado, y ella notó una leve molestia en el estómago, no le gustaba la idea de perder de vista a Pablo.

Una vez colgó el teléfono, no pudo evitar pensar que debería dar una respuesta a la propuesta que él le hizo en su día, y comenzó a darle vueltas a los pros y los contras de la decisión de debía ir tomando, ya que se aproximaba aquel momento… Y seguramente después de la operación él volvería ya a casa, y no al hospital.


Se notó inquieta, y por otro lado quizás estaba comenzando a notar cierta dependencia de aquellos encuentros que tanto les satisfacían a ambos, aunque ella siempre mantuvo su racionalidad sobre el resto de los hechos. Sabía que la mayor parte de sus deseos eran, cuando menos, una locura imposible, pensó ¿para qué alargarlo?... El tenía todo cuanto podía desear, seguiría seguramente con su vida, tal y como era antes de aquel fatídico accidente… Sus empresas, sus amantes, su esposa, su vida exactamente igual, como si nada hubiera pasado… E intentó centrarse en la idea de que, efectivamente, si nada había pasado, sería porque así debería seguir siendo, dudaba de si continuaban alargándose sus encuentros, quizás la llevarían a implicarse de una manera más intensa en ciertos sentimientos… Sintió terror, miedo, otra decepción no, no podría soportarlo… O quizás sí, pero a costa de qué, sería demasiado… Tan racional Irene, tan normal, tan demasiado normal para él… Seguramente todo lo que sentía era una nebulosa, precisamente porque no tenía la posibilidad de verla, en cuanto la viera, nada sentiría por ella, él que estaba acostumbrado a mujeres tan maravillosas… Que locuras estas pensando Irene, eres tonta, sin duda lo eres, se dijo a sí misma. ¿Cómo él ni por un segundo iba a sentir nada por ella?... Loca, ¡estás loca niña!... Y se quedó dormida en el sofá…