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lunes, 20 de febrero de 2017

Hipófanes y Sísife





Cada vez que ellos se encontraban se olvidaban del mundo que les rodeaba. El de su esposa y sus hijos, del trabajo, de la constante presión de una vida que le obligaba a estar muerto en vida. Ella de su marido, de sus hijos, de la absurda soledad después de haber entregado sus mejores años como esclava para la felicidad de los que la rodeaban. Ahora su trabajo ya no era estresante y sin embargo era el más estresante en la teoría de lo absurdo. Hacer para que otros deshagan y volver a comenzar al día siguiente el mismo trabajo, para finalizar el día de nuevo en la misma posición en la que había empezado cada mañana.

En ese limbo de horas quemaban sus cuerpos ungidos en lujuria, la más demencial y absoluta, toda la imaginada y mucho más, se entregaban sin límites a sus pasiones más bajas. Sus pieles ardían bajo las llamas del deseo absoluto y se apagaban con los líquidos que de ellos mismo emanaban, para comenzar de nuevo la escalada desde la humedad sumida en sus poros, desde la que renacía con mayor virulencia la desesperación de todo el deseo frustrado. A veces doloridos, sus cuerpos llenos de marcas, lograban despertar del sueño infernal de sus extremos enzarzados, unidos por lazos invisibles. Ojos que incendiaban prendiendo una y otra vez una insofocable llama.

Escondidos en sus refugios temporales, fueron perseguidos y vigilados, hasta ser cogidos in fraganti un día y detenidos por la autoridad competente en cuestiones morales. Fueron conducidos a un lugar apartado de su mundo, donde la conexión con la realidad se perdió por completo. En aquellas celdas separados por las rejas, se observaban el uno al otro, sin entender cómo habían podido llegar hasta allí, ni cual había sido su culpa en una sociedad en la que todo el mundo vivía la libertad de lo que a cada uno se le antojaba. La doble moral de un “dios” que precisaba el sacrificio justificador de tanto libertinaje encubierto les había hecho crear una especie de inquisición, para muy de tarde en tarde culpabilizar a algún estúpido escogido por azar para pagar por los pecados del resto de la sociedad, y poder así perpetuar su modo de vida, cumplimentando a quién habían hecho su “dios” con unos cuantos cautivos que pagarían con sus vidas el pecado en el que vivían.

Habían perdido la noción del tiempo en aquellas celdas, esperando un juicio que nunca llegaba, cuando un tercer inculpado llegó para compartir la celda de él.  Era un muchacho muy joven con un cuerpo escultural, unos músculos brillantes, y un rostro realmente bello. Pudieron admirar con calma la enorme belleza de su cuerpo ya que llegó completamente desposeído de su ropa. Se les prohibió hablar entre ellos, así es que lo poco que pudieron comunicarse fue por señas, indicaciones con las miradas.

Llegaron a empatizar con su desconocida historia simplemente por cómo se comportaba, era amable con él, y con ella. Y para sorpresa de ambos su sexo no paraba de sorprendernos erectándose constantemente. Era maravilloso ver como se masturbaba con esa naturalidad ante ellos, y disfrutaba plenamente de cada una de sus masturbaciones. Obsequiaba su vista con todo tipo de caricias sobre su persona. Lograba excitarles a ambos, era consciente de ello y sonreía picaronamente mientras se excitaba más aún con el fingido recato. Sus eyaculaciones eran tan fuentes que disparaban muy arriba esa lefa que provenía de su inmenso y viril prepucio. Sin duda si no hubiera habido separaciones entre las celdas, aquello habría terminado en algún momento por convertirse en un trío convulso y pleno de satisfacciones para todos. Sísife estaba comenzando a perder su recato, ya comenzaba a acariciar su clítoris cuando él se masturbaba y su amante se erectaba también. Todo sucedía sin que nada indicara que la proximidad  del juicio que estaban esperando se acercara.
Pero así fue, un buen día se abrió la puerta y aquel carcelero con sus llaves, entró en la celda de ella y se la llevó, mientras se alejaba por el pasillo el derramó algunas lágrimas.

El carcelero y Sísife entraron en una sala donde seres deformes reían y bebían algo extraño en copas de metal, le recordaron alguna escena de películas de la edad media. El esplendor y las joyas que les adornaban, no evidenciaron la falta de educación con la que de repente se comportaron. Todos se levantaron para tocarla… Unos apretaban sus nalgas, otros susurraban a su oído auténticas burradas, uno pellizcó sus pezones hasta hacerla gritar, y una vez escuchó su grito, lamió uno de sus pezones expresando de viva voz, cuanto le gustaba.

Tomaron asiento de espaldas a ella, gritaron, y discutieron largo rato, no podía entenderles, ni escuchaba de los que estaban hablando, entre los gritos, las risas, la música tan alta… Cuando se hizo el silencio, todos apoyaron sus manos en el hombro del que le había chupado el pezón. y desparecieron de la sala. El volvió su asiendo para quedarse allí muy quieto mientras sus ojos la desnudaban.

El jurado, dijo ha dictado sentencia, ahora está todo en mis manos.

Ella no podía entender cuál sería el siguiente paso, pues nada se le había comunicado acerca de la decisión.

El era enormemente alto, sus dimensiones eran poco humanas, parecía más un animal que una persona. Su cintura era muy estrecha pero su cuello y su espalda, brazos y piernas eran inmensamente musculadas. Tenía el pelo largo, una rojiza barba, encorvadas cejas, en una de ellas había una cicatriz que la cortaba a la mitad. Recordaba a los antiguos gladiadores de Roma, o a una estatua. Enrolló el pergamino que todos habían firmado, que estaba aun sobre la mesa en medio de las copas que todos habían dejado y se lo entregó para que lo leyera, con un gesto amable, volvió a sentarse, mientras la observaba.

Leyó atentamente todos los puntos que contenía aquel pergamino sin salir de su asombro, eran las condiciones para poder recuperar la libertad, no sólo la suya sino la de su amante. 

Lo que a cambio se le pedía no era gran cosa, después de todo lo que había vivido últimamente atender a los deseos de aquel gigante no iba a ser nada que no hubiera hecho antes.

Cuando terminó de leer el pergamino, le miró fijamente. Y le preguntó cuál era su decisión al respecto. No había muchas dudas la verdad, o cumplir con lo que allí se pedía como esclava del gigante o ambos ella y su amante morirían de una forma cruenta y dolorosa a la moda de la edad media. Parece que se habían quedado anclados en aquella época.

Bien, le dijo el gigante, estoy esperando tus palabras

Asintió sin dudarlo, estuvo de acuerdo con la sentencia.

Ummmm … fue todo lo que oyó por respuesta… Desnúdate muy despacio querida quiero ver ante mí la belleza que tu amante ha disfrutado.

Mientras, él la miraba.

Desde ese momento el también comenzó a desnudarse, allí sentado, tocaba su enorme miembro, que habría asustado hasta a un caballo, hasta conseguir una erección. Sus propios gemidos acompasados mientras la observaba con sus enormes ojos y ese brillo rojizo que hacía que el marrón ardiera. Su lengua que relamió sus labios con avidez, mientras su saliva caía sobre el pecho peludo sobre el que sobresalían picudos sus pezones erectos también…

El último recuerdo que tuvo fue cuando el se levantó de su asiento, y caminando hacia ella con pasos muy largos se aproximó a su hombro y susurró algo en su oído. Lo que sucedió después quedó como una zona en blanco de su memoria, no sabía si su propio subconsciente lo habría borrado, pero el caso es que nada logró recordar de lo que sucedió.

Milagrosamente olvidado todo, se encontró de la mano del carcelero encaminándose a la celda de Hipófanes. Su compañero ya no se encontraba en la celda, estaba solo, la miró sorprendido, su aparición allí era algo que desde luego no esperaba.

El carcelero abrió la puerta y el salió, iba a intentar hablar pero el carcelero tapó su boca con esa enorme mano. Sin palabras les condujo por un laberinto de pasillos abovedados, semioscuros hasta casi agotarlos tanto cambio de dirección y de caminar tanto. Al final en una sala que parecía algo más iluminada había una celda custodiada por dos enormes figuras gigantes, supongo que también carceleros, en el suelo de la celda, aunque muy de pasada, pues el carcelero que les acompañaba les llevaba a empujones intentando que acelerasen su paso, vieron a su compañero de celda. Parecía inerte, no adivinaron si aun estaba vivo, no había un centímetro de su cuerpo que no tuviera una herida sangrante, aunque no parecían graves, si eran muy desagradables. Su cabeza era una gran pieza metálica que se asemejaba a un tótem, tan sólo se vislumbraba a través de una rejilla su boca. Sus atributos estaban cubiertos con una especie de cinturón de castidad de cuero y metal parecido a los que se usan para impedir que su miembro se erectara. 

Otro empujón del carcelero les hizo salir de la sala a prisa, llegaron al final de otro pasillo que parecía iluminado en color rojo, desde el que salía una escalera que ascendía  por un tubo desde el que sólo se veía oscuridad y leves reflejos que llegaban del rojo intenso de la sala. El carcelero les mandó subir, su amante subió primero para ir abriendo el camino. El carcelero gritó que subieran rápido que el tiempo apremiaba, que no dejaran de ascender pasara lo que pasara y veran lo que vieran. Comenzaron a subir rápidamente hasta que muy  pronto perdieron de vista al carcelero.

En el ascenso tan rápido como pudieron sólo distinguían que la superficie del suelo era redondeado, tanto que en algunas zonas resbalaban, pero siguieron ascendiendo, el tubo se estrechaba cada vez más y más, apenas cabían sus cuerpos, pero no dejaron de escalar… Estuvieron largo tiempo subiendo, agotados  vieron finalmente cómo una leve luz penetraba desde el fondo del túnel…  Con su reflejo comprobaron aterrorizados, que el suelo de la escalera por la que subían no era otra cosa que calaveras petrificadas incrustadas en un barro rojizo… Con angustia alcanzaron aquellos metros finales, cuando la luz se hizo insoportable salieron a un agujero en el suelo de un césped que había sido destapado, una pesada reja de hierro reposaba en suelo a uno de los lados. Salieron  sin saber dónde se encontraban y sin mirar atrás, corrieron sin parar hasta que el murmullo de gente les reconfortó, estaban de vuelta  en su mundo, no sabían en que ciudad, ni en que parque, pero habían sido liberados.

Siempre les carcomió la incertidumbre de lo que habría pasado con aquel gigante para que les concediera la liberación, pero nunca  logró recordarlo. Acordaron no volver a encontrarse nunca más, borrarlo todo como si nunca hubiese pasado.

Ella estaba segura de que salir de allí había sido un premio lo suficientemente grande como para no volver a repetirlo.

Desde que salió de allí hizo un acto de redención y olvidó su pasado. Volvió a su vida sin complicarse más con historias ajenas, Se convenció de que su vida era lo más importante y que cualquier cosa que la pusiera en peligro debía ser apartada de inmediato.

A medida que iban pasando el tiempo sintió cómo la madurez se aceleraba y le había cambiado, la había vuelto una mujer fuerte ante cualquier situación pero muy débil físicamente desde que saliera de aquella cueva. Su salud se había resentido.

Lamentablemente sus estados de somnolencia están convirtiendo su  forma de vida en algo mucho más relajado. Ha acudido a los médicos para que pudieran ayudarle a no dormir tanto, pero después de mirarle unos cuantos especialistas han decidido que forma parte de sus propios biorritmos ese cambio, y que debe adaptarse a él con la mayor naturalidad posible, al fin y al cabo si me sirven para relajarla nada ven que pueda ser nocivo en dormir un rato, incluso en hacer varias siestas cortas a diario.

Por eso cada vez que comienza a sentir ese sopor se ve obligada a  recostarse en el sofá o en la cama para dormir un rato. Tal y como su organismo pide a gritos, simplemente lo hace.

Lo único que viene a su mente cada vez que comienza  a quedarse dormida es el brillo rojizo de los ojos de aquel gigante.

@carlaestasola
Madrid a 18 de Febrero de 2017 a las 15:03


martes, 10 de mayo de 2016

CREAR UN BULO EN LAS REDES ES TÁN FÁCIL




Subtítulo:  "Las viejas del Visillo versión twitter"



Algunas veces la vida confabula en contra de uno. Las personas que ha pasado por mi vida cuentan historias, que desde luego desde su lado son totalmente ciertas, pero no cuentan la historia completa. 

Esa la saben sólo dos personas, sus protagonistas.

Lamentablemente cuando uno de los dos protagonistas miente en su versión a los demás esto termina por expandirse a todos sus amigos, y estos a su vez lo expanden entre los suyos.

Finalmente es una historia interminable, basada en una mentira que todo el mundo ha dado por por verdad.

Exactamente eso  es culpa de las redes sociales que nos reinventan, y tenemos que cargar con background que nada tiene que ver con la realidad.

Si eres uno de esos que has oído hablar mal de mi, sólo te pido un favor, trata de conocer la otra parte de la historia, y quizás te des cuenta que todo lo que has oído fueron cotilleos e historias sin fundamento alguno.

He tenido que cargar, y cargo con una historia inventada sobre mi, que cada uno ha ido ampliando a su libre albedrío. Hoy en día y gracias a esas cotillas sin fundamento, hay un montón de gente engañada, que se ha creído todo lo que le han dicho.

Ese daño es naturalmente irreparable, y sólo me importa a mi. 

Últimamente todos los que se apuntan a ese carro son un grupo numeroso y activo que se dedica a esparcir la basura que un día se inventaron. Lamentablemente incluso las personas que me conocen muy bien, más incluso de lo que yo quisiera, han creído toda esta basura.

El daño sigue aumentando y naturalmente el coprotagonista despiadadamente sigue sin decir la verdad sobre los hechos. 

Es agua pasada aquella historia rídicula que duró un pis pas en el tiempo. Pero si queréis oir la verdad quizás la cuente. Contarla cuando a nadie le interesa, no tendría sentido.

Si has creído toda esa ponzoña que se dedican a esparcir sobre mi, te ruego que dejes de seguirme. 

Estoy hasta las narices de tener que contar una historia que no tiene ninguna importancia, miles de veces para que finalmente me den la razón.

No voy a defenderme más de ataques y mentiras infundados de gente que nunca me conoció, y que se creyó lo que le dijeron de oídas y sigue difundiendolo.

Estarás contento mi querido amigo, tu equipo de esparcimiento de basura finalmente lo ha conseguido, ya las creen a ellas antes que a mi.

ENHORABUENA a todas las mentirosas y mentirosos, habéis ganado, me doy por vendida. 

Quienes me conocen saben que no hay nada de verdad en lo que dicen.

Punto y final, hasta aquí.

Sinceramente,
Carla

-Sin banda sonora.

jueves, 31 de marzo de 2016

GABI Y CRIS - V El reencuentro








Según dejamos la historia en el capítulo IV, después de verse interrumpida su relación de forma precipitada por el despido de Cris de la empresa. Ella seguía intentando volver a encontrarse con Gabi…
*********

Naturalmente Gabi había pasado un fin de semana realmente preocupado, se había propuesto sino volver a conquistar a su mujer, si al menos procurar que la relación retomara algo de intimidad, esa que habían perdido hacía mucho tiempo. Sus hijos no serían el menor problema porque nunca había habido un alejamiento, muy al contrario, en la época en que su pareja comenzaba a languidecer, el tomó las riendas del cuidado, y nada le divertía más que estar con ellos, llevarles a parque o a merendar, y reír como un niño más en su compañía.
La preocupación se debía a que en el fondo de su corazón aún, el recuerdo de Cris estaba demasiado presente. Estaba teniendo muchos problemas con su pareja, que en el tiempo en que estuvieron alejados, se había creado su mundo paralelo y unas amistades con las que él había tenido apenas relación. Gabi no era precisamente alguien fácil para entablar relaciones, en contra de lo que pudiera parecer, punto y aparte era su trabajo.
Se encontraba en la máquina del café cuando sonó su móvil, adivinó incluso antes de escuchar la voz al otro lado que se trataba de ella. Tras unos segundos de saludo, ambos intentaron cuadrar un momento para verse. Él curándose en salud, ya que desconfiaba de la reacción de sus propios sentimientos al verla de nuevo, aunque todo se resolvió finalmente de una forma ecuánime para ambos. Quedarían como lo solían hacer a la hora de comer, y almorzarían juntos, con lo que él tendría asegurada una huida fácil, excusando su obligada vuelta al trabajo, en caso de que todo se complicara y ella conseguía al final aquel nuevo encuentro.
El lugar era conocido, habían estado allí otras veces, un pequeño restaurante de comida casera, desde cuyas ventanas se podía divisar la playa. Ella llegó la primera y eligió una mesa al lado del mirador acristalado. El día era nublado, y no había demasiada gente disfrutando del baño. El mar siempre había ejercido sobre ella un extraño poder hipnótico, apenas podía dejar de observarlo. Dejó su móvil encima de la mesa y se acomodó mientras esperaba la llegada de él. Estaba totalmente ensimismada en el oleaje cuando su móvil comenzó a vibrar, era Gabi disculpándose por el retraso se había torcido un poco la mañana y llegaría un poco más tarde, sonrió, casi adivinó que aquel retraso era más un tema de evitar estar más rato con ella, tanto le conocía. Era cierto, porque él había aparcado su coche montaña arriba y precisaba caminar un poco antes de mirarla de nuevo a los ojos, necesitaba urgentemente tranquilizarse antes de que ella pudiera darse cuenta de lo nervioso que estaba. Ella mientras tanto pidió un segundo vermut, pensó que estaría un poco más animada y no tendría tanta facilidad para el llanto.
Cuando por fin él entró en el restaurante, ella no pudo ver como se aproximaba a la mesa, porque se había situado de espaldas a la puerta, rozó levemente su hombro para indicarle que había llegado, ella se levantó como tocada por un resorte. Se besaron en la mejilla, y ambos tomaron asiento, el camarero vino para tomar nota de lo que tomarían, mientras él se interesaba por cómo había tenido la mañana en su  nuevo trabajo, y en rasgos generales cómo le iba en aquella nueva empresa. Ella hizo lo propio con Gabi, y el comentó que estaba bastante agobiado desde que ella se había ido, lamentándose de los nuevos recortes de la empresa, y como estos le estaban afectando.
Después llegaron los primeros platos y por primera vez el silencio se hizo denso, se miraron a los ojos, y finalmente comenzaron a hablar de lo que realmente les había llevado a ese encuentro. Aunque una vez más las razones de ambos diferían bastante.
Ella se encontraba sola, su marido seguía trabajando fuera, y su vida social era muy limitada. Aprovechaba para ir al gimnasio durante un par de días a la semana en su tiempo de descanso, sin hacerse demasiado esperar le confesó abiertamente que le echaba de menos, con la delicadeza precisa para que lo entendiera, sin ser explícitamente lo que dijo. El no sabía cómo romper aquel momento y comenzó a hablarle de sus hijos, siempre que se ponía nervioso, solía hablar sin parar, y ella lo sabía,  de lo bien que lo pasaba con ellos, intentando alejar el objetivo de la conversación, pero se dio cuenta de que Cris se autocompadecía por no tener esos momentos en su vida, y sus ojos brillaban espectacularmente a punto de lagrimear… El camarero interrumpió para traerles un café y romper de nuevo el segundo momento denso. Ambos permanecieron en silencio mirando a través de la cristalera la playa vacía con las olas rompiendo contra las piedras. Volvieron a enfrentar sus miradas y esta vez pudo leer la súplica en los ojos de Cris, el interrogante, y finalmente una lágrima, a la que él respondió con una amable caricia en su brazo, luchando internamente con las ganas de levantarse de la silla y abrazarla. ¡Estaba tan guapa!, mucho más que todas las miles de veces que él la había imaginado.
Pensó que debía poner fin a aquel momento, porque ella estaba sufriendo, pero en realidad no quería reconocer, que ambos lo estaban haciendo. Fijó su mirada en Cris, y le pidió disculpas por tener que irse pues había quedado con un cliente. Ella aún tenía una media hora y permanecería allí, quizás tomara un segundo café o incluso una copa de pacharán.
Ambos se levantaron para despedirse, el abrazo fue estremecedor, aunque no fueron conscientes de ello, fue realmente largo, cariñoso y cálido, mucho más de lo que habían esperado. De nuevo un beso en la mejilla que ella al desviar su trayectoria a propósito, depositó en sus labios. El miró al suelo y comenzó a alejarse despidiéndose sobre la marcha, comprometiéndose a un nuevo encuentro, sin fecha, de esos que se dejan en el aire para nunca retomarlos.
Cris tomó se sentó de nuevo  y pidió un pacharán, giró su asiento para que nadie pudiera verla, y sus lágrimas cayeron de una en una, sin reparo, largo rato. El se quedó fuera del coche desde allí podía divisar la vidriera del restaurante, y a Cris llevando un clínex a su cara varias veces, con dificultad entrecortada debido a sus propias lágrimas.
Sacó su paquete de tabaco y se fumó un cigarrillo junto a la barandilla desde la que se divisaba la playa. El mar como movido por los sentimientos de ambos se estaba embraveciendo y ya nadie quedaba en la playa, comenzó a lloviznar mientras él se mantuvo allí quieto, mirando al infinito donde intentaba aclarar sus ideas, que como el mar rugían en su interior, pero que debería calmar a toda costa.
Sonó un mensaje en su móvil, lo abrió, naturalmente esperaba de quien era, o incluso más hasta lo habría apostado, era Cris:
“Me ha encantado verte, me siento mucho mejor ahora, y si no te importa, ya que eres mi único amigo, me gustaría repetirlo, quizás la semana que viene??  Quizás hasta que me encuentre mejor ¿un día a la semana, un café, sería mucho pedir? Pido mucho lo sé, pero prometo ser buena, ¡dime que al menos te lo pensarás! Besis”
La sonrisa que se dibujaba en su cara se contradecía con el temor al rumbo que pudieran seguir sus sentimientos, pues esas lágrimas, y esas enormes ganas de acariciarla, abrazarla, le habían puesto en sobreaviso de que el olvido, al menos de momento, iba a ser imposible.
Continuará…

Carla
@carlaestasola
En Madrid a 30/03/2016  a las 19:16 horas
Publicado para: 



miércoles, 3 de febrero de 2016

Ápice de cordura





Guardaba ternuras escondidas entre sus uñas,
y un silencio absoluto que regaba sus ojos.
Pudo haberse quedado en silencio ilimitado
aunque su locura la llevara a escribirlo,
no lo haría…

Aun en ese estado de desasosiego
logró insuflar un ápice de cordura
y calló de nuevo.

Recordó que el silencio es humilde,
y aun llena de razones ante las palabras
vertidas a la cloaca de los que ávidos
que leen lo que les cuenten como verdadero,
reincide en el silencio mordiendo sus labios
hasta sangrar.

Tantas mentiras,
tanto engaño,
alguna vez alguien sacará a flote la verdad
esa que aun nadie ha escuchado,
y callarán las sirenas de los mares revueltos.

Quiso ser calma y nadie la sacará de su silencio
buscado, preciso, deseado, inmenso, saciante,
Calmante y pausado, lento y suyo.

Al fin ese descanso esconde silencio humilde
que no humillado.

Puede que la prosa sea demasiado complicada
cuando los sentimientos son puro abstracto.

Y no es que me tape con poemas,
es que escribo lo que me sale,
cuando me sale
y como me sale,
es la libertad del que escribe
sometiendo al lector
a la dictadura de su propio ritmo,
aunque sólo dure mientras lee

#esloqueyé


Carla
Día 04/02/2016 a la 1:40


viernes, 16 de octubre de 2015

Disfrutar tanto como hubieras deseado











Y  si, debo darte la razón cuando dices que quizás no he disfrutado de ti, tanto cómo hubieras deseado.

Siempre me dejo llevar por esa inseguridad infantil, donde no merezco a quienes me aman, y por tanto ser amada, lo que dispara una  reacción en cadena que desatan todas mis relaciones.  Soy demasiado egoísta, para hacerme cargo de dos personas a la vez, por eso desequilibro todo, al ocuparme sólo del yo, y no del nosotros... Y eso no sería un gran problema si al menos recuperara en algún momento la empatía, mientras me adentro en mi propio universo… Y pierdo el hilo como casi siempre, y  recuerdo tu sonrisa,  y tus manos, tus dedos resbalando lentamente por mi  espalda, ensimismada en el recuerdo de nuestros momentos juntos,… 

Sé que igual tú ya te has olvidado de las ilusiones que se vuelven realidad, y pocos factores me llevan a pensar en que tú no lo hagas…

¿Recuerdas?, la lluvia caía incesante, jarreaba en Madrid fuera de ese secano  cansino que normalmente es, era un día diferente…

Y ahora mis ojos se cierran suavemente, me regocijo pensando en el sueño. He madrugado demasiado esta mañana, y tras el insomnio de cada noche, mis horas de descanso apenas han llegado a cuatro escasas, cada día estoy más cansada, tanto que menos me cuesta entrar en esta melancolía de lo que no volverá.

Aparcar la ilusión es duro siempre, pero aun mucho más cuando tras ella cierras una puerta, que tienes el  firme propósito de no volver a hacer ni intención de abrir nunca más, donde queda una parte de tu vida que tampoco puedes  continuar, donde te quedas tú, pero también donde me quedo yo.

Tantas veces hubo posibilidades, pero debías ser tu, y no otra persona, por las razones que fueren, ya no importa, el caso es que mi destino encajó en el tuyo unos días, de una manera inesperada, aunque totalmente alevosa, que nunca debió terminar como lo hizo. No, no me arrepiento de mi consciencia en ese instante, de tomar decisiones, de elegir libremente por una vez en mi vida hacer, exactamente lo que quería hacer. Ya hace tiempo que libraba una batalla conmigo misma,  que quería ganar sin corazas, aunque a la larga pareciera más una pérdida, sé mejor que nadie lo que he ganado.

Puede que sea en las batallas perdidas, precisamente donde más se gana. Sólo cómo ejemplo satírico la vida nos da la respuesta, el porcentaje de perdedores es siempre el mayor, porque es en ese estadío donde somos más humanos, donde nos ponemos en lugar del otro, que al fin y al cabo es de lo que se trataba esta mierda de vida, de ser humanos.

“Ahí estabas,
mirándome sonreír,
escuchándome,
pupilas inmensas,
solícito y callado…
Disfrutándonos cada segundo.
Así es como quiero recordarte
deseándome…”

Y no se si finalmente tu, pero al menos yo, he disfrutado más de lo que habría ya no imaginado, sino soñado alguna vez. Ni siquiera en mis historias habría podido crear a alguien semejante a ti... 

Si, disfrutar era eso, aunque tu no lo creas.



Carla 16/10/15  a las 19:44

viernes, 11 de septiembre de 2015

Hueles a jabón









Ahora que la noche me esconde, 

puedo escribir los versos que añoras, 
esos que te hablan de lentas caricias en tus lugares más ocultos.

Huele a jabón fresco, 
te has duchado amor, 
y eso sabes que no lo resisto... 

Me muero por olerte despacio con todo el calor de ti, 
ese que vas desprendiendo según te enciendes
mientras rozo tu cuerpo.

Se que te gusta leerme 
y ese es el mejor aliciente para escribir.

Aquí agazapada por esos ojos que no ven, 
pero estos dos corazones se sienten... 

Ven ¡abrázame esta noche! 
desesperadamente,
necesito que aprietes mi cuerpo contra el tuyo, 
me siento sola y quiero 
comer y beber de ti toda la noche



Carla día 10/09/15 a las 01:28